Hojas Sueltas·Inhalando Líneas

¿Ecuador sin barreras?

Se encuentra en los anuncios clasificados, “se requiere personal con carnet del CONADIS” da click, aplica y espera ” a ver si la llaman”.

Ocho días después: se levanta, empieza los quehaceres diarios (cuidar de la madre y de sus dos hermanos pequeños),  le llega un mail con asunto “Aplicación a oferta laboral”.  *Estimada señorita, es un gusto poder comunicarnos por este medio, usted aplicó a una oferta laboral en la que solicitamos personal con carnet de CONADIS, quisieramos concordar una entrevista para hoy a las 15h00. Responde. Está bien, gracias por contactarse. Pide dirección (ella vive en el centro  y la entrevista es en el sur) etcétera..

Son las 12h00 prepara todo lo que tenía para el transcurso de la tarde, se le va el tiempo, guarda todo en su cartera, y no encuentra el carnet que “acredita” la discapacidad. Ya es tarde, toma sus cosas. Se va.

Camina hacia la parada de la metrovía, espera como 20 minutos, luego 10 más.. ¡Al fin llega el bus! pero, no se detiene dónde es debido (cerca de la acera), aún no se agarra bien para subirse y el chófer ya está estirando la mano para cobrar el pasaje (a ella le da vergüenza pagar 12 centavos) paga los 25 centavos, marca y se traba en el torniquete, mientras camina a buscar un lugar desocupado, ve al vecino y él voltea a la ventana para no brindar el asiento. Sigue al fondo que “todavía hay sitio” mientras renguea por todo el pasillo tratando de agarrarse de donde pueda, se tropieza con unas viejas que reclaman por empujarla, mientras camina tropezando con todos, logra hallar un puesto amarillo al fondo, en dónde una mujer embarazada se sienta antes que ella. Se agarra fuerte de los pasamanos, para no caerse, para no tropezarse, está sudada, enojada y arrepentida de buscar trabajo.

Llega medio perdida, medio despeinada. Pregunta, encuentra el lugar.

El entrevistador, un hombre alto de voz orgullosa, impaciente, medio grosero y apurado. Ella se sienta porque no iba a seguir de pie frente a él.

Entrevistador: ¿cómo estás?

Discapacitada desempleada: (cansada, abatida, arrepentida)  Muy bien, gracias.

Entrevistador: Tengo aquí tu currículum. Egresada en CPA, pero…. ¿y el título? (hace una expresión de desapruebo)

Discapacitada desempleada: No tengo título aún, se me ha hecho muy difícil culminar la carrera por motivos personales.

Entrevistador: Tienes carnet que acredite tu discapacidad.

Discapacitada desempleada: Si, pero no lo traigo conmigo, lo dejé en casa, (mientras busca en la cartera, la cédula de identidad con una sola mano porque con la otra no puede hacer fuerza) aquí está, ahí especifíca *PCD (persona con discapacidad).

Entrevistador: ¿y cómo sé qué eres discapacitada?

Discapacitada desempleada: (o sea ¡hey! vengo arrastrando la pierna por todo el camino subí cansada una escalera de 22 escalones y .. ¿no me nota la discapacidad? ) Se truena los dedos.

Entrevistador: Perdón me refiero a que debo adjuntar algo que certifique tu discapacidad. ¿Traes algún registro médico?

Discapacitada desempleada: Eso nunca me han pedido, en la cédula demuestra que soy una persona con discapacidad y aquí estoy, míreme (alza la mano corta)… ¿quiere que camine?

Entrevistador: No se preocupe, no es necesario. Verá el trabajo es “exclusivo” para persona con discapacidad, que quiera trabajar en limpieza, mantenimiento de baños y cosas así. Se puso el anuncio ya que como empresa debemos respetar (encierra esas dos palabras entre comillas con los dedos) el plan de la inserción laboral a discapacitados del 4% de la nómina total.  Se pagará el sueldo básico. ¿Qué porcentaje es su discapacidad? -45%-  Una persona con tal  discapacidad solamente puede encontrar esas oportunidades.

Discapacitada desempleada:  Disculpe, entonces ese trabajo “exclusivo” no es para mí, mi discapacidad es física no  mental. He sido asistente contable por 5 años y tengo buenas referencias patronales.

Entrevistador:  Entonces ¿por qué dejó ese trabajo ?

Discapacitada desempleada: Se levanta, le estira la mano para despedirse, el entrevistador la mira con soberbia. No le devuelve el gesto. Renguea 5 metros, baja 22 escalones, se despide del guardia, baja 8 escalones más, camina para cruzar la calle, coge el bus, se sienta, le da los 25 centavos a un joven para que le pase al chófer.

Está sentada pensando… (¡sabrá Dios qué!) Se devuelve de su pensamiento y se alista para su parada, espera que el bus pare bien pero no lo hace, ella desde atrás grita ¡Pare! y el chófer va con el vallenato a todo volumen que es imposible que escuche, camina agarrándose de los asientos, llega a la puerta, el chófer la ve, para 4 cuadras más lejos de donde debía bajarse.

Se baja. Camina, ve un letrero  a todo color que dice: ¡Ecuador sin barreras!

Se sonríe y se va.

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3 comentarios sobre “¿Ecuador sin barreras?

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