Hojas Sueltas

¿Desaprender?

Desaprender : Es la capacidad que tenemos todas las personas para aprender cosas  nuevas, dejando a un lado todo lo que no necesitamos por el momento, PERO sin ignorar lo aprendido, para tener imaginación hay que desaprender, despojarnos de los conocimientos adquiridos y solo así podremos partir de cero para emprender nuevas ideas, estar acostumbrados a las cosas del diario vivir nos encierra en la ignorancia, hace falta aprender cada día más, y no hay nada mejor que aprender leyendo.
¡Qué agradable que es desaprender de la lectura!

Sin perder nuestra esencia personal, la lectura contribuye al desarrollo del pensamiento, contribuye a dejar de hacer lo mismo de la misma forma repitiendo el ciclo de costumbres, es decir, descubrir que tenemos en la lectura otros caminos que nos guían al mismo lugar dejando muchas limitaciones de aprendizaje. Desaprendiendo establecemos nuevos vínculos para salir de la zona de “confort intelectual”, leer para vivir, leer para reflexionar, leer para encontrarle sentido a las cosas que ignoramos.

Desaprender es aprender y reaprender, es como cuando lees un libro y sientes que él se ha robado un pedazo de tu alma, y terminas sintiendo todo lo que el autor ha entregado en el texto; lo dejas, lo cierras, lo olvidas y luego de un tiempo lo retomas y te das cuenta que al leerlo nuevamente encuentras “algo” que te vuelve a llenar completamente y reaprendes de los sentimientos, ideas o emociones que no son tuyas y te vuelves a formar una nueva idea de lo leído.

El propósito de la lectura es adentrarse en un mundo nuevo, adquirir nuevas ideas, nuevos conocimientos para ejercitar nuestro cerebro y conocer nuevos modos de sentir.

Al momento de desaprender nos quitamos esa armadura que nos tiene atrapados en la ignorancia.

“Como lector se asume un  papel más activo, más humano, de compromiso y de encuentro creativo con el mundo que nos rodea, y del cual somos responsables porque es nuestro deber dejarlo mejor de lo que está”.

Por aquí dejo unas frases que leí:

  • El texto arrinconado, puesto en un lugar determinado de la casa, está como al acecho, esperando que el lector lo tome para que con sus manos, con el cerebro y con el corazón se encargue de “resucitarlo”, de sacarlo del abandono y hasta del empolvamiento. Basta con toparlo y este empieza a recobrar vida. De objeto inerte pasa a tener vida en abundancia. Y lo bueno es que tiene diferentes tipos de vida porque se manifiesta de conformidad con las condiciones lectoras de su “resucitador”. 
  • Se lee por tantas y tantas razones que lo único que le basta el lector es saborear la belleza del lenguaje

“Los analfabetos del siglo XXI, no serán aquellos que no sepan leer y escribir, sino aquellos que no puedan aprender, desaprender lo aprendido y volver a aprender.”

 –Alvin Toffler

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