Inhalando Líneas·Literatura Latinoamericana

REFLEXIONES DE UN ESCRITOR

Discurso de Mario Vargas Llosa, doctor Honoris Causa

Madrid, 6 de julio de 2015

¿Cómo se escribe una novela?

discurso

A un escritor le preguntan inevitablemente cada vez que alguien se interesa por su trabajo: ¿De dónde saca usted sus temas? ¿Por qué escribe usted sobre estas cosas y no sobre otras? ¿Y luego cómo hace una vez que tiene un tema? ¿Cuál es su método de trabajo? ¿Tiene usted ciertas manías? ¿Es usted disciplinado o es usted un inspirado que escribe por raptos de iluminación, de ilusión? Pues yo les voy a contar cuál es mi caso, precisando que es mi caso y que conozco muchos otros escritores que escriben de manera muy diferente y que no coinciden para nada con mi propia experiencia en la gestación de una historia. Lo que he aprendido escribiendo ficciones desde que era un adolescente es que en verdad nunca elijo los temas; los temas me eligen a mí: escribo sobre ciertas cosas porque me han ocurrido ciertas experiencias. Es la parte más misteriosa y hasta algo inquietante de la creación literaria. Uno conoce cientos y miles de personas en la vida y, sin embargo, hay algunas que dejan una impresión indeleble en la memoria.

Uno protagoniza o es testigo de cientos de miles de sucesos a lo largo de su vida, pero hay algunos que perduran en la memoria con una fuerza que no decae sino que se mantiene, y a veces se acrecienta con el paso del tiempo. Hay ciertos episodios que nos refieren o que se leen y dejan esa marca en la memoria; luego, con el paso del tiempo, esas imágenes se van convirtiendo de una manera inconsciente, no deliberada, en el origen de un fantaseo. De pronto me doy cuenta de que llevo mucho tiempo fantaseando en torno a algún recuerdo y que he construido ya de alguna manera distraída, casi inconsciente, como un embrión de historia, a veces ni siquiera un embrión de historia sino una situación, un personaje, un clima en torno a ese recuerdo que por razones siempre oscuras para mí, se ha convertido en un estímulo de creación.

Quizás un ejemplo resulte más ilustrativo de lo que quiero decir: yo leí una vez, yendo en un colectivo de Miraflores al centro de Lima, en un periódico, un pequeño suelto sobre un accidente que había ocurrido en un pueblecito de la sierra donde se decía que un perro había emasculado a un niño recién nacido. Bueno, no sé si semanas o meses después, me encontré con que esa pequeña nota fugaz, leída en un periódico, yo la tenía muy viva en la memoria y que llevaba mucho tiempo fantaseando lo que sería la vida de ese niño cuando ese niño creciera. Daba vueltas y vueltas a esa idea. Esa herida experimentada por esa criatura, a diferencia de las otras heridas, en lugar de cerrarse con el tiempo iba a abrirse. La verdadera tragedia iba a manifestarse cuando ese niño fuera un adolescente y un hombre. Así me encontré con que había construido ya una historia.

Esa historia de pronto tuvo para mí una importancia extraordinaria; hacía mucho tiempo que tenía entre la cantidad de proyectos que estoy siempre barajando y cuya mayor parte quedan en el camino un proyecto que nunca había podido completar, que era escribir una historia sobre mi barrio. El barrio era ese grupo de muchachos y muchachas que se reunían en la esquina, que compartían todos los ritos de la adolescencia: el fútbol, las fiestas, los primeros cigarrillos, los enamoramientos, esa especie de familia paralela… Una experiencia que yo recordaba con una enorme añoranza porque para mí había sido entrañable, riquísima. Sobre ella quería escribir una historia y nunca había podido materializarla porque algo faltaba. (…)

En primer lugar hay que preguntarse quién cuenta la historia. ¿La cuenta alguien que está dentro de la historia? ¿Un narrador implicado, un narrador personaje que vive la historia con los demás personajes, o la cuenta un narrador omnisciente y ajeno a la historia, alguien que va como ordenándola como un Dios padre desde afuera? ¿La cuentan muchos narradores o un narrador omnisciente y muchos narradores implicados? Ése es un problema técnico fundamental que hay que resolver, porque aunque no lo parezca, el personaje principal de toda historia es siempre el narrador que cuenta la historia, y el narrador no es nunca el autor.

El narrador es un personaje que crea el autor incluso en aquellas novelas en que el autor aparece con nombre y apellidos propios. Por ejemplo, en una novela mía que se llama La tía Julia y el escribidor, aparece un Varguitas, y muchos lectores creen que ese Varguitas soy yo de pies a cabeza. Y no, ese Varguitas es un personaje de la historia, aunque usurpe mi nombre y también algunas de mis experiencias biográficas.

El otro problema técnico fundamental que tiene que resolver el escritor es el del tiempo. El tiempo en una novela no es nunca el tiempo cronológico, el tiempo real, el tiempo en el que estamos inmersos que nos va socavando y nos va deshaciendo poco a poco en una ficción. El tiempo es también una ficción, una ficción sutil, una construcción artificial de la que dependen como del narrador los fracasos y los aciertos de la historia. (…)

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