Inhalando Líneas

Ella misma

Aprendió a no esperar por ella misma, porque no se encontrará.

Desde el momento de decirle sí al destino, se detiene enmudecida como un océano sin palabras y sin prisa; rodeada de espumas, de Orfeos de Eurídices.

Incesante  e intensa, sin distinguir lo bueno de lo malo; sin tomar en cuenta la dualidad, sin percatarse de lo que le hace bien – de lo que le hace mal.

Viviendo lo vivido, sin encontrar fracasos.

Perfecta/única, sedienta de conocimientos, hambrienta de memorias.

Vive sin ser superficial, sin buscar cualquier cosa en otra parte.

Hablando en silencio, en secreto, en el jardín.

Hablando con el cielo, con la tierra.

A veces sin palabras, muda mirando la página en blanco.

A veces jugando con las palabras, haciendo frases inútiles.

Se convierte en más que un rostro. Más que un cuerpo.

Más que el ruido de la lluvia entre los agujeros de las ventanas.

Profunda, sin vida habitando en sus propios recuerdos.

Más que un nombre.

Más que «algo» en la tierra de alguien.

Vive la vida de vez en cuando, se despoja de todo TODO.

Ve claramente en la oscuridad.

El vacío más hondo NO lo llena con cuerpos y manos.

Es distante pero segura.

Se renueva dulcemente entre los muros ausentes y los labios callados de grandeza.

Es sombra, es camino indescifrable.

El vacío -vacío- tiene forma de brazos, de hielo, de piedra, de palabras, de árbol…de…

Cuando siente la dureza de sus días, se encuentra en una precisa línea por donde retrocede.

Su transparencia oscura alumbra su rostro invisible.

Su cabeza serena; su cintura tibia, sus respuestas inopinadas, sus preguntas impertinentes, su garganta seca y el temblor de sus sentidos la matan de risa, pero siempre seria.

Se agarraron de sus ojos, de sus pechos, de su cuerpo, de su lengua.

La beben con gratitud, con agonía, latidos  y nostalgia.

Podría decirse que es devorada por la angustia, por monstruos  y fantasmas, los antiguos dioses le reservan un castigo irrevocable.

Se observa y su voz es dispersa, se llena con lágrimas, con silencios rotos que hacen eco en su casa vacía.

Se pierde en el laberinto de su lengua.

Se aglutina magia en su garganta, un suave ruido se ancla en sus labios.

La lluvia en la ventana ya no suena.

Al final queda convertida en un esqueleto de pensamientos, eterna, sencilla e inacabada.

 

 

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