Inhalando Líneas

De aquí en adelante esto se transforma en otra cosa

Estoy sentada.

Siento como si estuviera en la playa tomando el sol en un pote de pócimas macabras que yo misma he creado. Me corto las puntas del cabello porque no quiero tenerlo largo. Me limpio las uñas y sigo tomando sol. Pongo un pie en el piso y mis dedos se hunden en la arena que no es arena, es baldosa de esas carísimas que hay en mi habitación, pero se siguen hundiendo y me entra la ansiedad. Ahora, bebo la pócima macabra nuevamente y mi cuerpo se vuelve larguísimo. Me deslizo de prisa por debajo de la puerta y lo que sea que me pase a estas alturas, lo elijo.

¡Ojo! Me maldice una mujer que está frente a mí, ¡qué tonta! Solo la miraré y la dejaré temblando por las siguientes cinco mil noches. Vomita, me conmueve. Siento algo de gozo, mi latido se acelera y es constante, me voy; la mujer de la otra puerta me estaba mirando, no tenía temor en sus ojos, solo miraba, cierra sus ventanas y de repente la levanto con la mirada y ella parece liviana; se cae al piso, me asusto pero sigo. Esto es un recorrido vicioso, camino en círculos por todo un vecindario que desconozco. Todo es arena. El sol que me da directo en el rostro, me hace sentir fría. Recorro mi piel con mis dedos, todo se fusiona, me exalto.

Camino sobre la arena que no es arena, ahora es asfalto. Me deslizo como un hilo dentro del boquete de la aguja que no siente nada. Siento mis ojos como un cristal que se agujerea por el fuego del sol. Veo a otra mujer, es más segura de sí misma. Me reta. Me encara, pero de pronto no sé por qué está entre mis dientes. La luz del sol se me ha vuelto lejana, camino en un vecindario desierto; el piso ya no es arena ahora es espiga, mi rostro se vuelve opaco y se apaga al oler el mar. Necesito dialogar con el silencio y que este resbale por mi cuerpo que está helado, necesito eso o alcanzar la orilla del mar que aún no veo.

En la playa sigo tomando mi pócima, ahora tengo una armadura de acero que tejí con el terror de mis ojos y mis manos blancas. El silencio me habla aún más hondo y siento que unos clavos torturan mi cabeza, mi cráneo. Mis huesos tiemblan cuando me pisan. Lloro y las lágrimas absorben arena. Las mujeres que vi en el camino se me acercan, una de ellas me escucha y me consuela, siento su voz como un rasgar de la seda; otra grita y su voz es como el ruido de una taza de porcelana que cae sobre el suelo y se deshace en mil pedazos salpicando lo que lleva dentro; la otra solo me mira y la miro directo a los ojos y sus ojos tiemblan, tiemblan terriblemente que me causa miedo. Llora y sus lágrimas son estrellas. Me asusto, me arrodillo con mi cuerpo delgado, pálido y frío.

Estoy en la playa, ahora es de noche y mis ojos ven sirenas, sirenas que juegan con las puntas de mi cabello que he cortado. Abro los ojos para dejar de verlas.

Ahora veo una habitación oscura que está en la nada y de esa nada sale un hombre que se vuelve oscuro y recuerdo que lo soñé. Lo soñé formidable; impetuoso y su lenguaje es del mar. Cuando habla me desborda en la paranoia y hasta ahora es un eterno riego. Lo soñé triste con cuerpo de arena y ojos de cristal, esos ojos me miran brillando y su boca es como una ola que muere en mi boca. Juega conmigo como si fuera una botella desnuda que lleva dentro un papel con un secreto mágico. Me enreda en sus piernas fuertes y trepa por los bordes de mi rodilla, me contamina, me salta al cuello. Desaparece.

Tengo sed. En medio de tanto mar, tengo sed. Quiero volver a caminar en la arena, no quiero la baldosa carísima donde mis pies se pierden. El hilo suave de la aguja recorre mi cuerpo y me estampa en sangre.

Estoy en la playa nuevamente.

Se ha terminado la pócima, no puedo moverme y unos pájaros invaden mi cuerpo; se deleitan con la sangre, el viento se siente fresco y quiero que sigan picoteando, no me resisto.

Una mujer me llama y me dice que es el día en el que debo vestirme, me siento adolorida y de lejos veo un vestido blanco, está hecho con el hervidero del mar. Toco mi cuerpo, no tengo nada, mis brazos encajan en la arena de manera casi perfecta, es un sueño constante. Las costuras del vestido se  abren. Me río de tanta deshilacha; mis encías aún están secas, mi boca quiere agua.

Tengo sed, me bebo a mí misma.

Soy veneno en un instante, pócima de mí, inexpresable
enigmática
incomprensible
indecible
indivisible
Me ahogo, nunca sabré qué hizo él en mi cuello, viene de nuevo.

**

Me siento granulada, mis ojos son sólidos, soy del mar.  Él me estruja con fuerza en su mano y al abrirla, me deshago entre sus dedos.

Nunca sabré qué bebí.

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