Inhalando Líneas · Literatura Latinoamericana

Entre mitos, laberintos y cuentos

Esto es un breve análisis entre el cuento La casa de Asterión de Jorge Luis Borges y el cuento Galerías de María Fernanda Ampuero.

En ocasiones se plantea la diferencia que puede existir entre el mito y la historia. Como historia entendemos a todo hecho que tiene cronología y tiempo en algún lugar del mundo, con personajes históricos-reales. Mito, es un relato mucho más fantástico, de tiempo impreciso y difícil de definir; los personajes son fabulosos, en ocasiones, no se sabe siquiera si han existido. Los mitos son realmente los cuentos de la sabiduría de la vida.[1]

El laberinto, del latín labyrinthus, es un lugar artificiosamente formado por calles, encrucijadas y rodeos dispuestos con tal artificio que, una vez dentro, sea muy difícil encontrar la salida.[2] El laberinto como metáfora implica todo un abanico de posibilidades simbólicas e incluso físicas que se expanden en distintos lugares del mundo y en diferentes épocas.

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En “La Casa de Asterión”, si nos preguntamos cómo funciona el mito en el relato, o qué construcción del laberinto da el texto, lo que queda es que el intrincado caos del laberinto pertenece al minotauro en donde el renacer solo encontraría lógica en la muerte. Asterión está claro de cuál es su función y él vive de manera resignada, para él su naturaleza es vagar por el laberinto; salir, regresar y también su destino será morir.  

 

En el laberinto de Borges, el autor nos invita a conocer si el relato funciona o no como una representación del mito antiguo. En el mito clásico, el minotauro es un monstruo que devora hombres y mujeres, en la obra de Borges este personaje es más humano, proporcionado de inteligencia y que en su soledad observa el mundo que lo rodea considerando que no tiene cabida, lo que lo sumerge en su propio laberinto. “Si cada uno de los instantes de nuestra vida se va a repetir infinitas veces, estamos clavados a la eternidad como Jesucristo a la cruz”[3]. Podría decir que Asterión está condenado a repetir cada instante de su vida en el mismo lugar, así como la pareja del cuento de Ampuero, el ir y venir sin encontrar salida.

De esa misma forma, Ampuero en su texto, presenta la esencia de la vida de los personajes; su soledad, sus peleas y sus miedos. Mostrando una dualidad entre prisionero y prisión, siendo la pareja: los prisioneros, aquellos que buscan la redención; explorándose a sí mismos, confrontándose entre ellos.

“Esa repetición consciente de hazañas paradigmáticas determinadas denuncia una ontología original. (…) El acto no obtiene sentido, realidad, sino en la medida en que renueva una acción primordial”[4]  Esas vueltas, revueltas, subir y bajar niveles, pisos; recorrer galerías mareados y cansados de conocer lo mismo, es una repetición del mundo en donde se extinguen para volver a crearse, para volver a encontrarse. Está presente el mito del eterno retorno.

El lector, que ya conoce la cita a la que hace mención el inicio del texto de Borges: “Y la reina dio a luz un hijo que se llamó Asterión”, reconocerá que el texto de Borges tiene ya una doble función e interpretación; justifica al protagonista y también muestra que la visión del mito ya es evidente. Pero, independientemente de que conozcamos o no el mito, a Borges no le interesa, él hace uso del lenguaje y de su forma de conocer la historia para plantear su visión del mito. Reactualiza la historia del mito con una construcción filosófica a través de la humanización del minotauro quien se presenta como un prisionero voluntario  y la transfiguración del laberinto a una casa. Y, solo al final del cuento nos ubica en el contexto del mito. “El minotauro apenas se defendió”[5], ahora sabemos que no había nada que defender, la muerte como redención, lo era todo; terminar con la soledad, alcanzar la libertad.

Ampuero cambia la perspectiva y reactualiza el mito del laberinto transfigurándolo, lo convierte en un garaje; sigue siendo una historia cotidiana y mientras avanza el diálogo, se va desvelando al final el mismo mito del minotauro. “Alcanzaron a ver, en la pared, la sombra de un hombre, de unos cuernos, de unas pezuñas. Una sombra que era un toro y que era un hombre y que no era bueno”[6] Como ya sabemos, Asterión es un monstruo porque es una mezcla de hombre y toro. Sale al mundo y la gente huye despavorida. Ampuero, nos presenta vivo el mito que se ha mostrado de generación en generación, el hombre con cuernos y pezuñas que causa temor, haciendo alusión al diablo.

En la estructura del mito tenemos: El héroe. Este personaje siempre tiene un talante mítico y épico. Simboliza valores e ideales de la humanidad, que triunfa sobre cualquier adversidad; es el triunfador de las pruebas que el monomito le impone. El héroe es: “Un personaje de cualidades extraordinarias. Frecuentemente es honrado por la sociedad a que pertenece, también con frecuencia es desconocido o despreciado. Él y el mundo, o él o el mundo, en el que se encuentra sufren de una deficiencia simbólica.”[7] Una de esas cualidades que está en el cuento: un ser sensible a la espera de su redentor. Es como todos los monstruos de las leyendas; un ser dual, con aspecto cruel en donde su sensibilidad choca con la maldad que pueda existir en el mundo. En el caso del cuento de Borges, si el laberinto es la mente humana y al minotauro lo podemos ver como la afrontación a un problema, las personas que son arrojadas al laberinto o que se adentran en él, son personas buscando la redención y el minotauro juega el papel de héroe al estar humanizado y proporcionarles esa redención que ellos buscan.

Borges y Ampuero conservan aún la figura del minotauro y la estructura simbólica del laberinto. Eso es lo que sigue haciendo que las dos historias continúen siendo mitos. Si fusionamos los dos textos: para el minotauro el garaje es su casa y la pareja de Ampuero son dos de los nueve hombres que son “arrojados dentro de un laberinto” como decía Platón.

Bibliografía
Campbell, Joshep. El héroe de las mil caras, Psicoanálisis del mito. México: Fondo de Cultura Económica, 1975.
Eliade, Mircea. El Mito del Eterno Retorno. Buenos Aires: Emecé, 2001.
Kikovic, Daliborka. Joseph Campbell y el poder del mito, Revista Esfinge, 2010.
Kundera, Milan. La insoportable levedad del ser, Barcelona, Ed. Tusquetss, 1985.
[1] Daliborka Kikovic « Joseph Campbell y el poder del mito», Revista Esfinge, (2010)
[2] Real Academia de la Lengua Española. Madrid, fecha de búsqueda 2017. http://dle.rae.es/?id=MihipGi
[3] Milan Kundera, La insoportable levedad del ser, Barcelona, Ed. Tusquetss, 1985, pág. 12.
[4] Mircea Eliade, El Mito del Eterno Retorno (Buenos Aires: Emecé, 2001) pág. 34
[5] Jorge Luis Borges, La Casa de Asterión. https://goo.gl/lnX5Cc
[6] María Fernanda Ampuero, Galerías, El daño.
[7] Joseph Campbell, El héroe de las mil Caras, Psicoanálisis del mito. (México: Fondo de Cultura Económica, 1975), pág 29.

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