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Personajes femeninos en El Quijote de la Mancha

Un poco sobre Marcela, Dorotea, Dulcinea, la duquesa y Altisidora. Personajes femeninos en El Quijote de la Mancha

El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha fue publicado por primera vez en 1605 en Madrid. Esta obra de Miguel de Cervantes, es considerada una de las mejores obras literarias de todos los tiempos junto a su Segunda parte publicada en 1615. Este libro ha dado un sinnúmero de reflexiones y nuevas interpretaciones, más allá de mostrarse como una Parodia de las novelas de caballería

Cervantes trata diversos temas relacionados a lo que es la novela pastoril y  nos presenta variados personajes femeninos que aparecen para ocupar roles y mostrar actitudes que crean ruptura en la novela, ya que son mujeres que no se ligan a las condiciones femeninas de la época.

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Don Quijote atendido por las mujeres de la posada, pintado por Coypel en el año 1751.

En El Quijote de la Mancha la imagen de la mujer no se encuentra limitada a la de la mujer que es víctima o que simplemente es una mujer de aquellas como a las que recurren algunos escritores de su tiempo, por ejemplo, Góngora quien, a través de sus romances y sonetos con temas principales como el amor, la sátira y lo erótico, describía a la mujer ponderándose de su belleza y quejándose de su desdén; a menudo sirviéndose de un motivo mitológico que le introduce en el tema. En 1588 aparecen las composiciones religiosas y las sátiras a ríos y ciudades; utiliza el soneto en sus composiciones satíricas; empiezan los ataques a la sociedad en general y a las mujeres. «La mayoría de su producción se dedica a temas morales sobre el desengaño. Resurgimiento de los temas satíricos contra las mujeres y algunos oficios».[1]

Por otro lado –en Cervantes– figuras como Dulcinea, Maritornes, Teresa Panza, Marcela, Luscinda, Dorotea, Camila, Zoraida, la duquesa, entre otras, intervienen como una lectura paralela que nos muestra el papel de la mujer en una época patriarcal. Cervantes nos exhibe personajes femeninos que son complejos quienes tienen en claro la enunciación de la autodeterminación y son capaces de decidir por ellas mismas, tal es el caso de Marcela, Dorotea, Altisidora o Leandra, quienes con sus propias palabras y su comportamiento defiende sus derechos y su libertad.

También aparece un personaje femenino particular que es Maritornes, un sirviente de la venta de Juan Palomeque que aparece con un retrato de torpeza y fealdad. Sus rasgos físicos contradicen las ideas neoplatónicas, según las cuales la belleza externa se identifica con la interna, la del cuerpo con la del alma. Maritornes es fea por fuera, es horrible físicamente, pero tiene buen corazón (por ejemplo, se muestra compasiva con Sancho tras el manteo).  «Aparte, representa la carnalidad y así, cuando acude a su cita nocturna con el arriero, provoca la confusión del cuaresmal don Quijote, al pensar este que la «doncella» viene a verlo a él para solicitarlo de amores».

Cervantes tiene mucho qué decir a través de sus personajes femeninos, por un lado está la concepción de la mujer idealizada (Dulcinea del Toboso) pero, así mismo, nos despliega una serie de mujeres que forman parte de diferentes clases sociales, diferentes pensamientos; ostentosos deseos; ocupaciones y problemas que tiene una mujer real.

Marcela

A partir del capítulo XI al  XVI, Cervantes pone en marcha la presencia de Marcela, un personaje que aparece en una novela interpolada; mujer bella y rica que con un discurso lógico, defiende su libertad y a los lectores nos impacta la capacidad argumentativa de una mujer de la esa época.

«Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos: los árboles de estas montañas son mi compañía; las claras aguas de estos arroyos, mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y mi hermosura».[3]

Existe una performatividad total que nos pone ante ideas socioculturales tales como: qué se pensaba de la mujer en ese tiempo y qué limitaciones tenía, además, qué compromisos debía adquirir. Marcela no solamente pregona una libertad que desea y de la cual se cree merecedora sino que, además, a través de su discurso, ella sabe que es una persona inteligente, rompiendo así con la idea de que la mujer es ignorante ante los hombres, de esta manera ella sabe que no debe rendir su voluntad a cualquiera o a quien quiera.

«Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable; mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama».[4]

Marcela se presenta como uno de los personajes femeninos más liberal e independiente dentro de la novela. Las demás figuras femeninas están construidas a partir de la concepción que se tenía la mujer en esa época: belleza, castidad, sumisión, obediencia, miedo, silencio, etc. Algunas de las limitaciones nacían –y siguen naciendo– de un sistema social, político y económico que era creado por el hombre, un lugar en donde las mujeres no tenían representación, sino solo a través de su esposo o padre.

Cabe mencionar, además, que en la intertextualidad que presenta el libro de cervantes, los tres personajes secundarios sobre los que recaen los argumentos de estas novelas intercaladas, son mujeres. Existe una intertextualidad que logré apreciar entre dos personajes, Marcela y Antígona. Ambas saben lo que quieren y no permiten que nadie se oponga a ello. Por una parte está Grisóstomo y por otra Creonte como antagonistas; Antígona se enfrenta a su tío por una cuestión familiar; Marcela se enfrenta a los pastores por un asunto personal, además, ambas quieren defender su libertad.

Antígona: «No nací para compartir el odio sino el amor»[5]

Marcela: « (…) ¿Vienes a ufanarte de las crueles hazañas de tu condición? (…) –pregunta Ambrosio. –No vengo, ¡Oh Ambrosio!, a ninguna cosa de las que has dicho, sino a volver por mí misma»[6]

Estos dos personajes femeninos de la literatura, muestran lo que quieren defender, sin embargo, el contraste que existe entre las dos es que Antígona anhela el amor en medio de una situación familiar y Marcela anhela el amor pero a la libertad de su propia vida. De igual manera estos personajes fuertes, activos y llenos de ímpetu, rompen o pretender romper con el poder social y cultural que se presenta en cada una de sus situaciones.

Por otra parte están presente Dorotea y su discreción; Camila, con su aparente sumisión y lealtad a su marido que se exhibe a mostrarnos los peligros del amor. Un fantasma que transgrede la honra masculina.  Mientras la historia de Dorotea surge en medio del infortunio para luego terminar en un final  favorable, la historia de Camila y Anselmo tiene un final trágico. La vida de Camila se desarrolla en el espacio doméstico. Ella es una mujer honesta, adornada de virtudes y es fiel a su marido, quizás encarna el papel de la mujer en el siglo XVI; la duquesa, un personaje que se desarrolla más ampliamente, es lectora y constituye un ejemplo de la mujer de la ‘nobleza ociosa’ que critica Cervantes; Luscinda una dama aficionada a la lectura de los libros de caballería, perfecta e idealizada y que Cervantes usa para mostrarnos un contraste entre la mujer del género parodiado (libros de caballería) y la mujer de la parodia (Dulcinea).

Dorotea

Dorotea, a diferencia de Marcela, es un personaje femenino que se muestra activo en la mitad de la primera parte, se mueve en el espacio narrativo con su variada vestimenta y diferentes discursos de acuerdo a sus propias necesidades (en el caso de la princesa Micomicona, usó un disfraz de acuerdo a las necesidades del cura). Dorotea es un personaje que transgrede, la visión femenina de la época, apareciendo disfrazada de labrador.

« (…) cuando detrás de un peñasco vieron sentado al pie de un fresno a un mozo vestido como labrador, al cual,  por tener inclinado el rostro, a causa de que se lavaba los pies en el arroyo que por allí corría (…) el mozo se quitó la montera y, sacudiendo la cabeza a una y a otra parte, se comenzaron a descoger y esparcir unos cabellos (…) la hermosa moza alzó la cabeza». (Cervantes, 2005)

Dorotea se presenta como una labradora que es discreta y que moralmente siente que está mal vista su entrega a Don Fernando, quien la abandonó por Luscinda. A pesar de ese daño moral, ella sale en busca de su ‘esposo’, mostrándose así como una mujer activa  que infringe el amor cortés. También aparece, con trajes que guardaba, para interpretar a la princesa Micomicona, aquí se muestra con el discurso caballeresco y teatral.

Para el personaje de Dorotea, Cervantes usa los artificios de discurso, primero al lector le presenta lo que es la realidad y la ficción (Dorotea-Micomicona). Segundo, el discurso de las novelas de caballería. No solo se disfraza como una princesa sino que además, actúa como tal.

Me permito mencionar la película «El Quijote de Miguel de Cervantes» de Manuel Gutiérrez Aragón, TVE, 1991, para poder establecer una comparación intertextual de la que habla Gerard Genette, en cuanto a crear una copresencia entre dos  más textos, pero, específicamente, me quiero dirigir al intertexto que menciona Genette sobre Michael Riffaterre: «El intertexto como percepción del lector en cuanto a la relación de una obra con otra, que produce significancia y una lectura lineal, común a los textos literario y no literario».[7]

Dorotea representa el prototipo de la mujer fuerte de El Quijote, por su hermosura, su inteligencia y su autoridad moral. En la película de Aragón, Dorotea, representada por Aitana Sánchez juega con la prosopografía del personaje, desde la belleza hasta los movimientos narrados en El Quijote. Cada rasgo físico es bien adaptado en su totalidad.

«Sacudiendo la cabeza a una y a otra parte, se comenzaron a descoger y desparcir unos cabellos, que pudieran los del sol tenerles envidia… Los luengos y rubios cabellos no sólo le cubrieron las espaldas, mas toda en torno la escondieron debajo de ellos, que si no eran los pies, ninguna otra cosa de su cuerpo se parecía: tales y tantos eran.» (Cervantes, 2005)

El narrador centra la fuerza de la descripción del personaje en el aire que se mueve entre los cabellos de Dorotea y cómo le cubren la espalda. Dorotea es la heroína de un relato sentimental. Una mujer que fue abandonada por el hombre que dijo querer ser su esposo.

La duquesa, Altisidora y Dulcinea.

La duquesa constituye un ejemplo de la mujer de la ‘nobleza ociosa’ que critica Cervantes. A diferencia de los demás personajes femeninos mencionados, la duquesa tiene pasatiempos: se dedica a la lectura y a la caza. Es frívola, un personaje que quiere reírse a costas de Don Quijote y su escudero, proporciona todo lo necesario para llevar a cabo las burlas y las bromas al caballero andante.

A los Duques se suma en las burlas una de las damas de su Corte, la cruel Altisidora, mujer que trama la escena del «temeroso espanto cencerril y gatuno»[8] y la burla de los pellizcos y alfilerazos, y que se finge muerta de amor por don Quijote, para luego «resucitar» como por milagro y desengañarlo despiadadamente. Cervantes aprovechó los diversos tipos de mujer que existían en su entorno y los plasmó en la literatura, creando así un rico universo femenino al agregar en la caracterización de los personajes el elemento de humanidad.

En El Quijote, Altisidora es una joven audaz, risueña y bella, en quien la duquesa deposita su confianza. La relación burlona que ellas crean con la forma de amar de don Quijote, ayuda a darle protagonismo a Dulcinea, quien a esta altura de la narración, es el centro de uno de los grandes conflictos de la novela: la lucha entre lo real y lo imaginario.

Don Quijote crea a Dulcinea a partir del recuerdo de Aldonza Lorenzo, una muchacha campesina que desaparece para darle vida (imaginariamente) a Dulcinea, quien se ha insertado en el mundo interior de Don Quijote.  La duquesa y Altisidora, se ven en la tarea – asumida por ellas – de perjudicar a Dulcinea, queriendo mostrar a Don Quijote que ella es solo una imaginación y que no existe. El juego consiste en que Altisidora asumirá estar enamorada del hidalgo para que éste se olvide de Dulcinea, pero, para desdicha de la duquesa, Dulcinea  está arraigada, fuertemente, al alma de Don Quijote.

Cabe mencionar, además, que la mayoría de los personajes femeninos que aparecen en El Quijote carecen de malevolencia. Unas tratan de ayudar al hidalgo (el ama y la sobrina), otras quieren que regrese a casa (Dorotea, Doña Rodríguez). Solo en la duquesa y Altisidora hay muestras de mala intención hacia al caballero y esto, casi siempre, a costa de Dulcinea. Pero a medida que las bromas se hacen ácidas y agresivas, Dulcinea va tomando fuerza en el alma y mente de Don Quijote.

«Ahora digo, señor Caballero de la Triste Figura, que no solamente puede y debe vuestra merced hacer locuras por ella […]. Y confieso […] que hasta aquí he estado en una grande ignorancia, que pensaba […] que la señora Dulcinea debía de ser alguna princesa de quien vuestra merced estaba enamorado […]. Don Quijote no rechaza esta imagen campechana de su amada; incluso parece darle fundamento a su elección en términos que remiten a la tradición del amor cortés: Por lo que yo quiero a Dulcinea del Toboso, tanto vale como la más alta princesa de la tierra. Sí, que no todos los poetas que alaban damas debajo de un nombre que ellos a su albedrío les ponen, es verdad que las tienen. ¿Piensas tú que las Amarilis, las Filis, las Silvias […] fueron verdaderamente damas de carne y hueso […]? Las más se las finge por dar sujeto a sus versos, y porque los tengan por enamorados […]: y así bástame a mí pensar y creer que la buena de Aldonza Lorenzo es hermosa y honesta, […] y yo me hago cuenta que es la más alta princesa del mundo, […] y para concluir con todo, yo me imagino que todo lo que digo es así […] y píntola en mi imaginación como la deseo». (Cervantes, 2005)

Dulcinea muestra un carácter convencional, en sus primeras apariciones y tiene más carácter literario e idealizado que sentimental. Don Quijote en su primera aventura exige a unos mercaderes que reconozcan la superior belleza de «la emperatriz de la Mancha»; en los capítulos VIII y XXII Primera Parte, don Quijote pretende que se presenten ante Dulcinea el vizcaíno vencido y los galeotes liberados. Actos como éstos son fórmulas de comportamiento en los libros de caballerías; también lo es resistirse, por lealtad a su dama, al asedio femenino que en los castillos sufren los caballeros andantes.

A todos los personajes femeninos Cervantes las restablece como seres de voluntad y acción que entre duquesas, doncellas, y labradoras; mujeres activas o pasivas, burlescas o inquietas, están dotadas de su condición femenina que las pone en un igual con los hombres. Tienen personalidad, son auténticas, independientes. Tienen su propia voz en el libro y Cervantes las reconoce como mujeres que no se limitan a ser personajes del siglo XVI sino que las pone en un papel más dinámico y las hace desafiar las situaciones que aparecen en sus vidas.

Bibliografía usada
Cervantes Saavedra, Miguel. Don quijote de la Mancha. Alfaguara, 2005
Eiva, J. Francisco. Las mujeres en la vida de Cervantes. http://www.centroestudioscervantinos.es/upload/1712_rndfile.pdf
Gerard Genette: La literatura a la segunda potencia. “Palimpsestos”
Fanny Rubio es escritora y profesora de la Universidad Complutense. El mes pasado dirigió el I Congreso Internacional El Quijote en clave de mujer/es.
[1] Gongorismo. Cervantes Virtual.
[3] Cervantes Saavedra, Miguel. Don quijote de la Mancha. (Alfaguara, 2005) pág. 124
[4] Ibídem…, 124-125
[5] Sófocles. Antígona. Pág. 23
[6] Cervantes Saavedra, Miguel. Don quijote de la Mancha. (Alfaguara, 2005) pág. 125
[7] Gerard Genette: La literatura a la segunda potencia. “Palimpsestos” (pgs. 53-62)
[8] Cervantes Saavedra, Miguel. Don quijote de la Mancha. (Alfaguara, 2005)
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3 comentarios sobre “Personajes femeninos en El Quijote de la Mancha

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