Clásicos

Espacio y tiempo en Eugénie Grandet de Honoré Balzac

     Dentro de la novela de Balzac es posible considerar dos grados de manifestación del espacio: el descriptivo y el psicológico. En el espacio descriptivo, Balzac lo que hace es detallarnos los objetos y la distribución de la casa mediante conjugaciones lingüísticas que van ligadas a la historia narrativa. Nos permite adentrarnos a una realidad propia del género literario de la época. El espacio psicológico forma parte del ambiente que gira en torno a la novela. Podemos ver que este ambiente genera una predisposición en el momento de la lectura, de la misma manera, crea una atmósfera acorde a lo que ocurre en la narración; por ejemplo, el tema de la avaricia nos muestra una casa en malas condiciones, una despensa en malas condiciones que afectan a los personajes, en especial a las figuras femeninas y, luego a los invitados.

  eg.jpg  En el momento en el que nacemos somos arrojados a la casa, sea cual sea la condición de ella, la casa se convierte en nuestro territorio, un espacio en el que vamos a vivir el presente, recordamos el pasado y auguramos un futuro; prácticamente, Balzac plasma, en su novela, una entrada de visita a su hogar, nos muestra cada esquina de su casa y esto implica que nos da a conocer los detalles que rodean la narración —en cuanto a temática— esto con el fin de que se pueda conocer, de manera precisa, la circunstancia en las que se vive en el tiempo y espacio de la novela.

      Si nos proponemos pensar sobre los espacios de la obra de Balzac como espacios de un todo; como la creación de una biosfera semántica desde la perspectiva de Vernadsky, lo que quiere decir es que los espacios, en este caso la casa de los Grandet es:

«(…) como un espacio completamente ocupado por la materia viva. «La materia viva —escribió— es un conjunto de organismos vivos» (…), en la conciencia de Vernadski, tiene la biosfera con respecto al organismo aislado. «Todas esas condensaciones de la vida están ligadas entre sí de la manera más estrecha. Una no puede existir sin la otra».[1]

     De esta manera, en la obra de Balzac nos encontramos frente a la no separación de los Grandet de su gran casa sombría, la cual es retratada como un todo que está rasgado y gastado como si el propio campo del siglo XIX quisiera ser descrito en una sola casa. A partir de aquello podemos pensar en la casa de los Grandet como una biosfera:

«La biosfera tiene una estructura completamente definida, que determina todo lo que ocurre en ella, sin excepción alguna […] El hombre, como se observa en la naturaleza, así como todos los organismos vivos, como todo ser vivo, es una función de la biosfera, en un determinado espacio-tiempo de ésta».[2]

    Dentro de esta biosfera, descrita anteriormente, se empezaría a plantear a Félix Grandet como una biosfera que crea un universo, en este caso: la casa, la cual contiene en su interior varios organismos vivos que son funciones de la misma biosfera. Por otra parte, las figuras femeninas de la obra estarían ocupando, al mismo tiempo, puestos de “función” a favor de la biosfera y espacios de subalternidad. Lo que se quiere decir es que esta “biosfera” llamada Grandet, es una manera de invocar, crear-edificar el poder sobre estos espacios-funciones subalternos los cuales, alrededor de la obra son automatizados en nombre del “dios dinero” tal y como lo llama Balzac.

     El espacio llama a la acción[3], donde hay espacios vacíos siempre habrá una imagen o un recuerdo. Gastón Bachelard en «La casa del sótano a la guardilla. El sentido de la choza» de su libro La poética del espacio nos brinda un universo poético de pensamientos que, aunados a una integración psicológica del individuo, nos envuelve en la cotidianeidad de lo que proyectan los espacios que habitamos; la casa como un microcosmos en el que anidamos imágenes, pensamientos, ensoñaciones que trabajan de manera independiente.

    Balzac, en su novela, nos muestra ese mundo que habitan los personajes: la casa. La historia se desarrolla en la ciudad francesa de Saumur, en el interior de la casa de Eugénie, una gran casa, pero solitaria y fría, que corrobora la personalidad de los personajes, sobre todo el carácter de Eugénie, una muchacha llena de gracia y ternura angelical, lo mismo con el de la familia, puesto que esta, a pesar de tener mucho dinero, no es acostumbrada a los grandes festejos, ni a las invitaciones.

    Se podría plantear que Eugénie, su madre y Nanón son características del espacio. Emociones y afectaciones de agenciamiento que existen porque Grandet existe. Balzac se planteó una biosfera llena de agenciamientos que conviven, se mueven, chocan todo dentro de un espacio específico. Un agenciamiento en este caso es:

«Las velocidades comparadas de flujo según esas líneas generan fenómenos de retraso relativo, de viscosidad, o, al contrario, de precipitación y de ruptura. Todo eso, las líneas y las velocidades mensurables, constituye un agenciamiento (agencement). Un libro es precisamente un agenciamiento de ese tipo, y como tal no atribuible. Un libro es una multiplicidad».[4]

    Un espacio de la casa que puede verse como un claro ejemplo de agenciamientos es la sala, la cual Balzac describe de la siguiente manera:

«La sala es a un tiempo, salón, gabinete, tocador, comedor; es el escenario de la vida doméstica, el hogar común; era allí donde, dos veces al año, iba el peluquero del barrio a cortarle el pelo al señor Grandet; allí donde eran recibidos los colonos, el cura, el subprefecto, el mozo del molino. Aquella sala, cuyas dos ventanas daban a la calle, estaba entarimada; cubierta de arriba abajo por paneles grises, con molduras antiguas; el techo estaba compuesto por vigas aparentes, también pintadas de gris, cuyos huecos estaban llenos de borra que se había tornado amarilla».[5]

   La sala de los Grandet es un tablero de juegos donde muchas velocidades y corporalidades transitan, se encuentran y pelean por la herencia que recae en Eugénie. Otro punto interesante de la casa es que es como un gran laberinto conectado a los cuerpos. Balzac describe a los cuerpos de igual manera como una locación entonces, no solamente la casa es una biosfera, sino que los personajes construidos, desde un punto literario —fuera de la trama— pueden ser vistos como pequeñas biosferas que crean un agenciamiento en la obra con sus propias potencias que poco a poco van desarrollándose hasta el final.

    Desde la propuesta anterior también podemos plantear a la casa como una postura masculina, una biosfera del poder. Un agenciamiento donde la mugre transita, donde el olvido y lo cronológico convergen para hacer de las figuras femeninas lo que son dentro de la trama que construyó Balzac: la pureza, la virginidad, la pobreza; la ignorancia de Eugénie; su madre y Nanón, son características que se crean a partir de esa corporalidad masculina que transita y atraviesa sus inocencias y sufrimientos.

     La imagen y la memoria como representación de vida dentro de un espacio en el que se habita, por un lado, la casa actúa por sí misma en cuanto a los recuerdos de quienes moran en ella y, por otro lado, el individuo tiene la capacidad de desprender imaginaciones en lugares vacíos.  Al inicio de la novela, Balzac dedica largas páginas a describir la casa.

«La casa del señor Grandet; aquella casa sombría, fría y silenciosa, ubicada en la parte alta del pueblo y guardada por las ruinosas murallas. Los dos pilares y la bóveda que formaban el vano de la puerta habían sido construidos, al igual que la casa, de Toba (…) Los numerosos agujeros que la intemperie había practicado en ella daban a la bóveda y a las jambas de la puerta el aspecto de las piedras vermiculadas de la arquitectura francesa y cierto parecido con el pórtico de una cárcel»[6]

     Por otra parte, Balzac a lo largo de la obra va diseminando indicios con respecto al tiempo en el que esta novela transcurre. Este análisis pretende contemplar ambas perspectivas del tiempo: cronológico e histórico que encontramos en la obra y que permitirían ampliar la visión de esta. Entendemos por tiempo cronológico al tiempo propio de la obra, el lapso que esta comprende y en el que se desarrollan las acciones de los personajes; éste debería corresponderse con el tiempo ambiental (suceder de las estaciones y demás indicios ambientales). Por otro lado, entendemos por tiempo histórico a la época en la que la obra se ambienta, los sucesos destacados de esta y el modo en el que la producción literaria allí se estaba dando.

       El rastreo del tiempo cronológico de la obra no es algo que demande mayor esfuerzo, basta con prestar atención a la serie de indicios que el autor va dejando a lo largo de su escritura. Ya sean fechas o años puntuales, la edad de los personajes, las condiciones ambientales, entre otros indicios permiten que el lector vaya trazando una línea temporal de los sucesos narrados.

        El tiempo de nuestra obra, el periodo calendario que esta abarca, va desde 1789 hasta 1829; consideramos que existen tres elementos pertinentes a tomar en cuenta en la construcción temporal hecha por Balzac. Primero el personaje con el que empieza, Félix Grandet y, el personaje con el que termina la obra, Eugénie Grandet; la posición social de ambos y el capital económico con que cuentan al momento.

      La obra inicia en 1789 con un Félix Grandet, tonelero cuarentón, en incipiente ascenso económico y termina con su hija Eugénie Grandet, treintañera, ya viuda y con una fortuna considerablemente alta. Los sucesos de la obra empiezan en 1806 con un Félix Grandet que acababa de ser removido de la municipalidad de Saumur, pero recibe repentinamente una serie de herencias que marcan un antes y después en su economía. De allí, nos encontraremos con una serie de hitos que siguen esta línea del crecimiento económico hasta la llegada de Charles Grandet a finales de 1819 y su partida a las Indias en menos de dos meses.

     En 1827, Grandet se enferma, es desahuciado y muere poco tiempo después ya habiendo enseñado a Eugénie la administración de sus negocios y sus finanzas. Desde sus enfrentamientos a inicios de 1820, Eugénie empieza a acaparar el foco narrativo que había estado en su padre, pero con la muerte de Grandet en 1827 lo sustituye por completo, tanto en sus funciones dentro de la historia como narrativamente.

     Como ya mencionamos, la obra termina con una Eugénie de treinta y tres años que, apenas a ocho meses de haberse casado, enviuda y se queda sola con Nanon. Sin embargo, es oportuno también señalar que existen incongruencias temporales que saltan a la vista si se realiza una línea temporal de sucesos en la obra; un ejemplo de ello sería la edad de Grandet a lo largo de la narración: 1789 (40 años), 1806 (57 años), 1825 (76 años) y muere en 1827 a los 82 años. Por otro lado, la relación entre el tiempo cronológico (año y suceso) y el tiempo ambiental también está presente en la obra y lo podemos evidenciar en el siguiente fragmento:

«En 1819, al oscurecer de un día de mediados del mes de noviembre, la gran Nanon encendió el fuego por primera vez. El otoño había sido muy hermoso. Éste era un día de fiesta [cumpleaños de Eugénie] bien conocido por los cruchotistas y los grassinistas. Los seis antagonistas se preparaban para acudir, con todas sus armas, a encontrarse en la sala y competir allí en demostraciones de amistad».[7]

            En cuanto al tiempo histórico de la obra, podemos señalar al menos tres periodos de la historia de Francia y de Europa iniciados con la Revolución Francesa (1789). Primero, tenemos al periodo de la Primera República Francesa (1792–1804), resultado de la Revolución; segundo, al periodo del Imperio Napoleónico (1804–1814); y, por último, el periodo de la Restauración borbónica dada por los gobiernos de Luis XVIII (1814–1824) y Carlos X (1824–1830).

   Aunque no se los aborde directamente en la obra sí encontramos menciones a Napoleón, al Código Napoleónico, a las políticas de austeridad de Carlos X, entre otros. Otro elemento para considerar es el Bloqueo Continental (1806–1812) impuesto por Napoleón como respuesta a su imposibilidad de derrotar a la Royal Navy. De hecho, esta estrategia económica se desarrolla considerando el auge económico que se había dado en Inglaterra por la Revolución Industrial de la segunda mitad del siglo XVIII, aunque como ahora sabemos fue Francia la que resultó más perjudicada. Incluso podríamos ver en la contienda entre cruchotistas y grassinistas una referencia a la contienda entre republicanos y conservadores y todo el deseo de acumulación de capital económico por parte de Grandet como referencia al espíritu de conquista de Napoleón durante su gobierno.

 Finalmente, el espacio y tiempo para Mijaíl Bajtín son inherentes a la conciencia del sujeto[8]; es así como, en el caso de Eugenia Grandet, quien gracias a ella y a su discurrir por la casa; la cocina, o el jardín podemos avanzar en la novela, conforme a sus sentimientos. A veces observa la casa con detalle, otras veces el jardín, de esta manera el autor de la novela nos expone los efectos de las acciones desarrolladas durante cierto tiempo; por ejemplo, el tiempo de observar va ligado al espacio en donde se relaciona el personaje.

     Para Bachelard la casa recoge todo lo que es el hombre, todos sus pensamientos; sin ella el hombre sería un disperso, pues la casa es el primer mundo del hombre y ahí era donde éste se sentía protegido, por lo que tal sentimiento de protección continúa. De esta manera el espacio comienza desde que guardamos recuerdos y buscamos un lugar y un tiempo donde ubicar la memoria. Cuántas veces uno construye una casa en el pensamiento, así como se construye un poema, cada palabra, cada recuerdo se torna una pared, una habitación. Se torna lo que somos.

 

Bibliografía
[1] Luri M. Lotman. La semiosfera (Ediciones Cátedra: España, 1996), 12.
[2] Luri M. Lotman. La semiosfera…, 12.
[3] Bachelard, Gastón. La poética del espacio Cuarta reimpresión y primera edición bajo la norma Acervo (FCE Argentina), 2000.
[4] Gilles Deleuze, Félix Guattari. Mil mesetas (Pretextos: España, 1980), 10.
[5] Balzac, Honoré. Eugenia Grandet. (Bogotá: La Oveja Negra, 1982)
[6] Ibidem.
[7] Balzac, Honoré. Eugenia Grandet. (Bogotá: La Oveja Negra, 1982): 28
[8] Bajtín, Mijail. “Las formas del tiempo y del cronotopo en la novela. Ensayos sobre Poética Histórica” en Teoría y estética de la novela. Madrid. Taurus. 1989
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2 comentarios sobre “Espacio y tiempo en Eugénie Grandet de Honoré Balzac

  1. Una entrada que mereció leerla con tranquilidad y un café. Lentamente llegué al final y me encontré con este resumen espectacular: De esta manera el espacio comienza desde que guardamos recuerdos y buscamos un lugar y un tiempo donde ubicar la memoria. Una lección más en el paso por este mundo. ¡Gracias! @Zavala_Ra.

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