Inhalando Líneas

Se fue

«Lorena páseme una camisa limpia, esa no, la de cuadros. Quiero irme decente. Sí, la blanca; la que me hiciste». Lorena me abrocha los botones del cuello y pasa sus manos sobre mis mangas para quitar las arrugas.

«Bueno, me voy. Ángel tráeme mi reloj y mis zapatos negros». Los ojos de mi hijo se hacen chiquitos con un brillo líquido en sus pupilas, camina desganado hacia el cuarto para traer mis cosas.

«Bueno me voy» repito. Lorena, mi mujer, voltea a verme, me mira fijamente con sus ojos tristes y truena los dedos de sus manos, se pone nerviosa sobando su amplio vientre, sale de la habitación.

«Bueno me voy» repito. Carla entra a la habitación y las lágrimas empiezan a humedecerle la cara; tiene los labios hinchados. «¿Por qué lloras pues mijita? Límpiate y ven a darme un beso que me voy, no perdamos el tiempo, llorarás cuando seas grande, ¿Entiendes? Dame un beso y un abrazo y ve, llama a Carlos que me voy». Carla sale despacito solloza mientras se acomoda el cerquillo de su frente. Escucho que le dice a Carlos que entre y lagrimeando dice «se va».

La puerta suena y entra Carlos sonriente, mirando al piso; de un impulso se echa sobre mí y empieza a llorar. Lo separo enseguida. «Mira mijito, los hombres no lloramos, ¿está bien?, límpiate esas lágrimas y dame la mano, aprieta fuerte, ¡eso es!». Carlitos me sonríe y con voz segura me dice que estará bien. Lo abrazo y lo dejo ir.

Lorena se sienta sobre el sofá, tiene las mejillas coloradas, los rayos de luz que entran por las claraboyas brillan en sus ojos; me da un beso. Se me aglutina algo en la garganta; escucho su respirar forzado pretendiendo no llorar. «Mira Lorena, eres lo mejor que me ha pasado, espero haber sido lo mejor para ti, al menos lo que quisiste que sea…» nos quedamos en silencio.

«Se va». «Sí, papá se va»

«Mira Lorena, las partidas siempre son iguales, ¿verdad? Ahora dime que estarás bien para poderme ir tranquilo». Lorena se echa sobre mí y empieza a llorar. «Deja que me vaya, estás haciendo sufrir a los niños».

«No Carlos, no te puedes ir, ¡cómo te me vas a ir! ¡No nos puedes dejar solos, no me puedes dejar a mí solita; hemos sufrido siempre juntos! ¡No, no, no te me vas!». Lorena llora amargamente enjugándose los ojos con las manos. ¡Déjeme ir Lorena, vamos!

«Parece que sí se va»

*

«¡No, no te vas! No nos puedes dejar solos». Mi madre se calla; papá ha dejado caer fuera de la cama su mano inerte. Ella se levanta limpiándose los ojos, sale de la habitación y con voz calmada nos dice: «se fue».

 

 

 

 

 

 

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