Inhalando Líneas

Escribiendo se crean sentidos

Escribir es un asunto de devenir, siempre inacabado, siempre en curso, y que desborda cualquier materia vivible o vivida.[1]

En el libro Mil Mesetas de Deleuze y Guattari se  habla acerca de las posibilidades de transformación del ser humano, en donde se encuentra en continuo y constante devenir. Consideremos que siempre hay violencia en la escritura, es por ello que el escritor utiliza el devenir como línea de fuga para representar y crear; dejar de ser lo que se es para inventar la vida de nuevo. “Devenir no es alcanzar la forma –parecerse o imitar– sino encontrar la zona de vecindad.”[2] Crear esa zona de vecindad, quiere decir que los afectos, más no la representación, empiezan con la experiencia, en donde el Yo deja de ser yo.

A modo de ejemplo, frente a esta contextualización, se presenta el cuento “Axolotl”[3] de Julio Cortázar. En este cuento el narrador, un hombre adulto, relata su transformación de humano a axolotl. Aparece la representación del Axolotl como un modelo que evade las normas convencionales de comportamiento del ser humano. “Los devenires animales no son sueños ni fantasmas. Son perfectamente reales”[4] En “Axolotl”, se encuentra un narrador-protagonista que tiene una obsesión con estas salamandras mexicanas, en el que el mismo narrador encuentra una afinidad hasta el punto de convertirse en una de ellas.

Hubo un tiempo en que yo pensaba mucho en los axolotl. Iba a verlos al acuario del Jardín des Plantes y me quedaba horas mirándolos, observando su inmovilidad, sus oscuros movimientos. Ahora soy un axolotl.[5]

Esta transformación bien podría ser una división entre la identidad y la personalidad del narrador, en donde el Yo siempre se demuestra con relación a un otro en el que busca reconocerse y ubicarse en “algo” que satisfaga sus pulsiones, y eso es justamente lo que hace el devenir. El devenir no es una evolución, según Deleuze, o al menos no es una evolución por descendencia o filiación. En el caso del “Axolotl” existe una alianza entre el narrador y el animal, no imita pero se identifica. En el cuento, Cortázar crea un animal que representa más que un animal. El narrador pasa de la admiración a la acción.

Me apoyaba en la barra de hierro que bordea los acuarios y me ponía a mirarlos. No hay nada de extraño en esto porque desde un primer momento comprendí que estábamos vinculados, que algo infinitamente perdido y distante seguía sin embargo uniéndonos.

Existe una conexión humana, entre el narrador y el anfibio. Escribiendo se deviene, es decir, se crean sentidos, se crean direcciones y esto es lo que hace Cortázar con el narrador. Este cuento es interesante, ya que exalta la soledad por la que pasa el hombre, un hombre que insiste en la necesidad de comunicarse, es por ello que se puede percibir una dualidad entre el hombre y el animal, en donde esa pequeña filiación logra una inmersión profunda en la que llegan a coexistir el hombre y su “otro”, ambos en una misma conciencia. En el cuento existe una diferenciación en donde ya no queda distinguirse entre un animal o un hombre. Es importante mencionar que el ser humano que experimenta un devenir-animal, a partir de ese momento deja de tener características humanas y pierde su humanidad. Al final del cuento de Cortázar, el devenir no es ser una persona atrapada en el cuerpo del animal, tampoco lo muestra como un animal que piensa como un humano, sino que logra una transformación física y literal que el lector puede ver en las últimas líneas del texto.

El horror venía (lo supe en el mismo momento) de creerme prisionero en un cuerpo de axolotl, transmigrado a él con mi pensamiento de hombre, enterrado vivo en un axolotl, condenado a moverme lúcidamente entre criaturas insensibles. Pero aquello cesó cuando una pata vino a rozarme la cara, cuando moviéndome apenas a un lado vi a un axolotl junto a mí que me miraba, y supe que también él sabía, sin comunicación posible pero tan claramente. O yo estaba también en él, o todos nosotros pensábamos como un hombre, incapaces de expresión, limitados al resplandor dorado de nuestros ojos que miraban la cara del hombre pegada al acuario.[6]

La lectura de este cuento funciona para el lector y para el narrador, como algo performativo. En donde la acción lingüística funciona como un acto de liberación para el axolotl, es decir, ser representado por medio de la palabra escrita. El axolotl pasa por una trasmigración de conciencia. La “performatividad”[7], dice J.L. Austin, es la capacidad de que las expresiones se conviertan en acciones y transformen la realidad o el entorno.

Encontramos otro ejemplo de devenir en la literatura, el cuento “Un señor muy viejo de alas grandes”[8] En este cuento existe un hombre viejo que es tratado como animal; es un híbrido, mitad humano, mitad animal, muy aparte de ser una figura usada por el escritor para criticar a la sociedad, este híbrido de García Márquez está ahí como una transición entre humano-animal. Este cuento se enfrenta a las ideas tradicionales del tema de la animalidad, estas ideas que Deleuze critica, en donde Lacan define el animal por su falta de lenguaje.

Para Lacan el sujeto es ante todo un efecto del lenguaje, por tanto, escapa a una ontología del sujeto. Lacan define al sujeto como lo que representa a un significante para otro significante. [9] En el cuento de García Márquez, el hombre viejo no puede hablar y es tímido. La gente del pueblo lo trata como un ser inferior por su falta de habla. El autor pone énfasis en las cualidades humanas que no son separadas de las cualidades de animal, sino que están interconectadas. “La vergüenza de ser un hombre, ¿hay acaso alguna razón mejor para escribir?”[10] Quizás, lo animal y lo humano son lo mismo. De lo complejo del sujeto surgen identidades híbridas, que se van desarrollando en una nueva relación entre el ser en el mundo y ser del mundo.

El cuento de Kafka “Un informe para la academia” y el cuento de Pablo Palacio “El antropófago” son cuentos que al igual que “Un señor muy viejo de unas alas enormes” presentan una crítica social por medio de la escritura. A través de la historia el ser humano, en la literatura, ha tratado sus miedos por medio del lenguaje, creando personajes que forman parte de aquello que atemoriza a la sociedad; de esta manera, cada época, espacio temporal y cada cultura ha usado la figura de “monstruo” o “ser anómalo” que representa “la otredad”.

En el caso de “El antropófago”, cuento de Pablo Palacio, recopilado en la serie de cuentos Un hombre muerto a puntapiés, que fue publicado en la revista Hélice en mayo de 1926, utiliza una profusión expresionista que escandaliza al lector y pone frente a nosotros una descolocación social de un personaje. Pablo Palacio es uno de los escritores que, más allá de poner en manifiesto la desacralización de los valores morales y sociales, critica y ridiculiza a la sociedad burguesa, las élites intelectuales y la administración de la justicia. Es importante conocer el por qué el estilo de un escritor, escribir no es otra cosa que devenir.

En el caso de estos cuentos, escribir se deviene animal; metamorfosis, híbridos, mezclas, se trata de crear zonas de vecindad entre identidades. El pensamiento Deleuziano muestra que el devenir está ligado a la libertad frente a nosotros mismos, es un acto de liberación, es un acto de fuga de nuestros propios rasgos identidatarios. El devenir puede interactuar con los cuerpos rechazados: devenir-mujer, devenir-homosexual, devenir-travesti, entre otros. Pero no se “deviene hombre”; “el devenir no funciona en el otro sentido y no se deviene Hombre en tanto el hombre se presenta como una forma de expresión dominante.”[11] El rol de poder, que en tanto Hombre ejercen sobre los cuerpos, no les admite situarse al margen. El sujeto varonil heterosexual tiene prohibido el “entre”, no debe dudar de su condición de hombre: blanco, machista, adulto, heterosexual, dominador, etc.

La escritora ecuatoriana Gabriela Ponce Padilla tiene un libro llamado Antropofaguitas[12] y el cuento escogido para entender el devenir es “nieve”, Deleuze plantea que “escribir también es devenir otra cosa que escritor”, eso es lo que hace Padilla. La narradora es narrador-protagonista del cuento que relata en primera persona, por lo cual logra dar verosimilitud a los hechos. Al decir ella “yo”, ya nos muestra intimidad propia de su personalidad; su interés por contar y ser dueña del texto. Sin hacer juicios de valor, refiriéndonos a la idea de que el narrador protagonista nos mostrará sus miedos; deseos y anhelos, logra que el cuento tenga un valor psicológico. Cuenta lo que hace, lo que ve y cómo se siente. Sus observaciones incluyen acciones. La narradora es directa muestra con lo que narra, sus sentimientos del momento, casi tiene un lenguaje poético.

La narradora adopta distintos niveles narrativos ella es narradora y lectora al mismo tiempo y al lector lo sumerge en un juego de interpretaciones. En el cuento hay un espacio narrativo muy singular que nos liga a uno de los cuentos de Julio Cortázar “La continuidad de los parques”, en donde se establece la unión entre dos mundos de ficción, creando un texto metaficcional. En el caso de Julio Cortázar, el primer mundo de esta ficción es el de un hombre que está leyendo una novela, que al final nos conecta con el narrador y otro mundo ficcional.

Gabriela Ponce en sus cuentos maneja un vínculo entre el cuerpo y la palabra; el cuerpo como movimiento y la palabra como escritura. Expresándose de cualquiera de las dos formas, logra que lo que diga sea visto desde la figura femenina. Una persona escribe un cuento para que alguien lo lea, esta autora pasa de su estado de ser mujer para convertirse en escritora que a su vez le da potestad a una narradora ficticia o a lo que se refiere Roland Barthes cuando habla de la muerte del autor, la escritura tiene un vínculo directo con el autor, pero solo el autor tiene el poder de decir y saber decir acercando un sujeto a otro a partir del conocimiento simbólico que es el lenguaje.

“Escribir también es otra cosa que devenir escritor” El poeta Edmond Jabés, fue egipcio de religión judía y vivió en Francia, utiliza la palabra poética en su trabajo, la misma que gira en torno al exilio y su tema de religión impuesta. Jabés habla mucho de poesía y el lenguaje profético en los Salmos, al igual que él, el poeta Paul Celan lo que hace es buscar el lenguaje poético que muestre el sufrimiento de los campos de exterminio. Si observamos esta poética desde el punto de vista de otorgar el lenguaje a quienes no lo tienen y sobretodo que se establezca un lenguaje que rompa estructuras sin necesidad de romper la conexión que pueda existir con referente del exterminio, la poesía funciona como medio de revelación. Ambos carecen de una patria, su única identidad es la palabra escrita, ahí adquieren territorio.

Emmanuel Levinas en su libro Totalidad e infinito dice:

La experiencia absoluta no es develamiento, sino revelación: coincidencia de lo expresado y de aquel que expresa, manifestación, por eso mismo, privilegiada del Otro, manifestación de un rostro más allá de la forma. La forma que traiciona incesantemente su manifestación aliena la exterioridad del Otro.[13]

El rostro habla. La manifestación del rostro es ya discurso. El decir pertenece ya a las palabras, a los signos, al lenguaje y cualquier otro de sus elementos. El devenir entra entre la relación de las palabras y la muerte, como la entrevió Heidegger al pensar que la existencia de este nexo era recordar que el ser habitaba en el lenguaje, porque se sabía “un ser para la muerte”[14] Es por ello que la literatura aparece como curación. La literatura empieza con la muerte, como medicina frente a la muerte. La muerte del puerco espín es esa constancia que existe, de que el hombre es quien ocupa el puesto más elevado en la existencia, es decir, la teoría de que sobrevive el más fuerte, en este caso el ser humano sobre el animal o viceversa; también, el ser humano sobre otro ser humano.

Para Kafka la muerte del topo es la relación que hay entre el escritor y la escritura como línea de fuga; para el topo sus túneles tienen una línea de fuga que siempre está presente para no perderse en la oscuridad. Este término de la “muerte” bien podría ser la muerte del autor al momento de plasmar lo que ha interiorizado, lo que ha pensado; lo que escribe en lo que quiere decir. La conciencia del autor ya no reside en sí misma, sino que es arrojada sobre el mundo, dando paso al fracaso. Este fracaso es el objetivo del autor en su obra ya que una vez mostrada, empieza la subjetividad; y, para el lector una obra literaria muchas veces no significa lo que significó para el escritor. En el caso de Kafka, “él escribe para los terneros que mueren”, expone los problemas de la sociedad, ya que no es la palabra oral sino la escritura la que funciona como remedio frente a la muerte, frente al pueblo que falta.

La lengua ha de esforzarse en alcanzar caminos indirectos femeninos, animales, moleculares, y todo camino indirecto es un devenir mortal. […]  Lo que hace la literatura en el lenguaje es trazar una especie de lengua extranjera, que no es otra lengua, sino un habla recuperada.[15]

La lengua termina siendo mortal en cuanto se sabe utilizar bien, o en cuanto se utiliza de forma indirecta, Deleuze aconseja la forma en la que se debe utilizar al lengua. Cuando habla de caminos indirectos femeninos, animales, moleculares, tiene que ver con que lo agresivo se considera una característica propia de lo masculino. Nos muestra que es mejor el uso correcto de la lengua, utilizando las alternativas que el lenguaje tenga para ello como uso de metáforas, juegos en el lenguaje, etc. Así, la literatura presenta ya dos aspectos en la medida en que lleva a cabo una descomposición o una destrucción de la lengua materna, pero también la invención de una nueva lengua dentro de la lengua mediante la creación de sintaxis.[16]

El devenir es siempre inacabado que llega a sobrepasar lo que se vive y lo que se ha vivido, es decir, para qué pensar en el papel del autor ya que “escribiendo se deviene mujer, se deviene animal o vegetal, se deviene molécula hasta devenir imperceptible” y esto es esa literatura que nace del interior. Si en la literatura se carece del “yo” cómo puede existir un conflicto que invite a que se abran líneas de fuga. Aunque no habría un “yo” para un escritor que esté molesto con el mundo, aquí interviene la experiencia en la escritura como forma de liberación. Los autores como Kafka o a Pizarnik usan la literatura frente imposibilidad de decir “yo”. A partir de una molestia del escritor con el mundo y solo cuando el lenguaje está ausente y hay una pérdida del habla; cuando ya no hay nada que decir, o no se puede decir, es cuando nace la literatura. Un ejemplo de esto es escribir un diario[17] como lo hizo el Ché, de esta manera uno puede conocerse y puede ver el pasado, el presente, la vida, quizás el devenir.

“Devenir demasiado poderoso para ellos” devenir es deconstruir la imagen del ser. El ser humano no puede dejar de plantearse su vida, incluso no puede dejar de vivirla así sea que no tenga metas o proyectos futuros. El “ser”, es el motivo de la existencia. El ser humano tiene el deseo de ser alguien, es por eso que se preocupa y tiene anhelos. Ser es cuidar-se; preocupar-se; proyectar-se; con el fin de “ser alguien”, entonces cuando nos lanzamos al pensamiento de “se” es alguien,  nos olvidamos de ser nosotros mismos y nos quedamos en el uno impersonal. De esta manera, la relación de “lo neutro” con el lenguaje impersonal lo que produce es un vacío del sujeto, escritor, que desaparece o se ausenta.

“No se escribe con las propias neurosis. La enfermedad no es proceso, sino detención del proceso, como en el caso de Nietzche. Igualmente el escritor como tal no está enfermo, sino que más bien es médico, médico de sí mismo y del mundo”[18] La enfermedad es una aliada y una enemiga del escritor, debe ser combatida mediante la oposición para llegar al punto de la salud que antes solo estaba en la sociedad, pero que ahora llega al cuerpo. Empieza por un síntoma.  Nietzsche dice:

La enfermedad de la voluntad se ha extendido sobre Europa de una manera no uniforme: donde más amplia y compleja se muestra es allí donde más tiempo hace que la cultura está aposentada, y desaparece en la medida en que «el bárbaro» hace valer todavía o de nuevo su derecho bajo la desaliñada vestimenta de la cultura occidental. [19]

El escritor se convierte en “médico de sí mismo y del mundo.” Lo que hace la literatura es  funcionar como un fármacon[20] a través de la escritura. Un fármacon que no solamente quiere sanar al escritor, sino que se quiere decir aquello que está afectando, o hablar de aquello que no se habla como es el caso Svetlana Alexiévich en su libro Voces de Chernóbil en donde la experiencia no está separada del lenguaje. Esta escritora se ha valido del lenguaje para hacer posible hechos del pasado que afectaron a una sociedad que con el tiempo quedó alejada de todos. Svetlana Alexiévich, tal como dice Deleuze, es un médico del mundo, sus palabras restauran a la sociedad, al mundo, a quien lee.

Walter Benjamín en su texto Experiencia y pobreza[21] expresa que la experiencia solo puede darse a través de la  transmisión y la comunicación; la pobreza es la perdida de la herencia de la humanidad, la imposibilidad de reconocerse en el espacio que ha dejado huellas. En el capítulo de “Una solitaria voz humana” del libro Voces de Chernóbil se puede ver cómo la literatura se presenta como una forma de salud. La autora luego de esa entrevista “regresa con los ojos llorosos y los tímpanos perforados.”

El objetivo último de la literatura: poner de manifiesto en el delirio esta creación de una salud, o esta invención de un pueblo, es decir una posibilidad de vida. Se escribe por un pueblo que falta, entendiendo ese por, no como en lugar de sino con la intención de.[22] El escritor es una máquina de guerra que tiene una función colectiva frente a la sociedad, como máquinas de guerra aclaman una forma futura, a un pueblo que no existe. El artista o el filósofo son del todo incapaces de crear un pueblo, sólo pueden llamarlo con todas sus fuerzas. Un pueblo sólo puede crearse con sufrimientos abominables, y ya no puede ocuparse más de arte o de filosofía. Pero los libros de filosofía y las obras de arte también contienen su suma inimaginable de sufrimiento que hace presentir el advenimiento de un pueblo. Tienen en común la resistencia, la resistencia a la muerte, a la servidumbre, a lo intolerable, a la vergüenza, al presente.[23]

La literatura menor es un término que se acerca no a la literatura trazada en un idioma menor, sino a la literatura que minorías étnicas, sexuales o de cualquier tipo hacen dentro de la tradición acordada en una lengua mayor.

No es lo histórico ni tampoco lo eterno, […] es lo Internal. […] Intempestivo o inactual: la nebulosa no histórica que nada tiene que ver con lo eterno, el devenir sin el cual nada sucedería en la historia, pero que no se confunde con ella. Por debajo de […] los Estados, lanza un pueblo, una tierra, como la flecha y el disco de un mundo nuevo que no acaba, que siempre está haciéndose: […] Actuar contra el pasado, y de este modo sobre el presente, a favor (lo espero) de un provenir: pero el porvenir no es un futuro de la historia, ni siquiera utópico, es el infinito Ahora, […] no un instante, sino un devenir.[24]

Referencias

[1] Gilles Deleuze, Crítica y Clínica. (Barcelona: Anagrama, 1996),  5

[2] Ibídem

[3] Julio Cortázar, Axolotl. En:  https://goo.gl/oRtep1

[4] Gilles Deleuze y Félix Guatari, Mil mesetas. (España: Pre-Textos, 2002), 244

[5] Cortázar. Axolotl.

[6] Cortázar. Axolotl.

[7]John Austin. Cómo hacer cosas con las palabras, Edición en PDF.  http://revistaliterariakatharsis.org/Como_hacer_cosas_con_palabras.pdf, 4-6

[8] Gabriel García Márquez. Abriendo puertas I. “Un señor muy viejo con unas alas enormes.” Edición en PDF https://www.erhsnyc.org/ourpages/auto/2012/5/23/56316011/Un%20senor%20muy%20viejo%20con%20unas%20alas%20enormes.pdf, 206-218

[9] Miguel Ángel Rossi. “Lenguaje, palabra y discurso: de la senda lacaniana a la tradición y actualidad de la teoría política” Pensamiento Plural | Pelotas [07]: julio – diciembre de 2010, 128

[10] Gilles Deleuze. “La literatura y la vida” de Crítica y Clínica. (Barcelona: Anagrama, 1996), 5

[11] Gilles Deleuze. Crítica y Clínica. (Barcelona: Anagrama, 1996), 5

[12] Gabriela Ponce Padilla, Cuento “nieve” de Antropofaguitas. (Quito: Ministerio de cultura y patrimonio del Ecuador, 2015), 77

[13] Emmanuel Levinas. Totalidad e infinito: ensayo sobre la exterioridad. (Salamanca: Sígueme, 2002)

[14] Josué Manzano Arzate “El sentido de la muerte en Ser y Tiempo de Heidegger” 01-05-2011 En: file:///C:/Users/Isabel/Downloads/236-1-462-2-10-20120620.pdf

[15] Deleuze, Crítica…,6

[16] Ibídem

[17] Ernesto Che Guevara El Diario del Che en Bolivia (1966-1967) Una introducción de Fidel Castro Ruíz. Edición en PDF: https://www.eln-voces.com/descargas/libros/social/016-DIARIO-CHE.pdf

[18] Gilles Deleuze. Crítica y Clínica. (Barcelona: Anagrama, 1996), 8-9

[19] Frederick Nietzsche,  Más allá del bien y del mal. Edición en PDF http://www.ricardoego.com/libros/Mas%20alla%20del%20bien%20y%20el%20mal.pdf, 51

[20] Jacques Derrida, La farmacia de Platón. Edición en PDF. Primera versión publicada en Tel Quel (núms. 32 y 33), 1968.

[21] Walter Benjamín. Tomado de Discursos interrumpidos I, (Madrid: Taurus, 1982)

[22]  Deleuze, Crítica…,11

[23] Gilles Deleuze,  ¿Qué es la filosofía?  (Barcelona: Anagrama, 1980), 109

[24] Gilles Deleuze y Félix Guatari, Mil mesetas. (España: Pre-Textos, 2002), 107

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