Inhalando Líneas

¿La lectura en rollos suponía un modo de lectura distinto al método de lectura moderno? dejen sus comentarios

Los inicios de la lectura para los romanos fueron los rollos de papiro. Leer un libro era leer un rollo hasta, aproximadamente, el siglo III d. C. Este rollo contenía una parte de la totalidad de un texto y la manera en que se leía era sosteniendo el rollo con la mano derecha, desenrollándolo con la mano izquierda mientras se lo leía para que finalmente quedase enrollado otra vez en la mano opuesta a la inicial.

Un texto podía estar escrito en un solo rollo o también podía estar disperso en varios rollos que formaban la totalidad. Esta experiencia de lectura suponía prácticas distintas a las que nacen posteriormente: implica un acto de leer diferente.

Aunque tanto la lectura del rollo como la lectura moderna parecen implicar una relación similar en cuanto a la fisiología del lector, como la postura, hay varias diferencias que cambian por completo el sentido de la lectura. Uno de ellos es, como era de esperarse, la lectura en voz alta; los rollos se leían generalmente en voz alta, era incluso común que hubiesen oidores mientras alguien leía. Esto implicaba un uso diferente del ojo, el oído y la boca en torno a la lectura que el que se les da en la modernidad.

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La lectura es la posibilidad y la condición de la escritura

Para Roland Barthes, la lectura es otra forma de escritura. En su ensayo “Escribir la lectura”, Barthes comenta que, como el estudio de la literatura se ha enfocado siempre en el autor, el papel del lector en la experiencia de lectura ha sido desplazado, aunque este pudiese ofrecer un análisis más interesante y con más posibilidades.

Barthes dice que siempre que leemos no solamente realizamos la lectura del texto, sino que también llevamos a cabo una escritura a partir de él. Esta teoría sobre la lectura nunca había sido propuesta, precisamente porque la crítica literaria nace enfocada en el autor —por qué escribió su obra, qué quiso decir, en qué contexto escribe, etcétera—. Lo que se intenta plantear ahora es que el lector le da sentido al texto, que las palabras de un texto se reescriben cada vez que son leídas. Barthes es el primero en proponer que la lectura siempre supone una escritura, que ambas aparecen casi simultáneamente. Este proceso de lectura-escritura nace, sin embargo, en un momento específico del acto de leer: cuando el lector levanta la cabeza.

Barthes admite que levantar la cabeza es un gesto irrespetuoso porque, después de todo, marca una interrupción en la lectura; sin embargo, es también el momento en que el lector aterriza en todo lo que ha leído y reescribe el texto que ahora le pertenece también a él. De esta manera, el acto que parece ser irrespetuoso se convierte en la posibilidad de generar un nuevo texto a partir de uno que parecía sagrado. Sigue leyendo “La lectura es la posibilidad y la condición de la escritura”

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¿Es que hay una poesía que no fuera performática?

Las teorías de los actos del habla es una de las más notorias de las aportaciones de J. L. Austin, en su obra cómo hacer cosas con las palabras, nos muestra la idea de que el lenguaje no es solamente para describir el mundo, sino que, con él se realizan ciertas acciones y no solamente la del “decir algo”. La unidad primordial de la comunicación no son solo palabras o locuciones, sino, los actos del habla. Dicho esto, cuando utilizamos el lenguaje, podemos transmitir una información, por ejemplo, hoy es 11 de diciembre, podemos pedir algo: pásame la sal; podemos aconsejar: tienes que tener más cuidado; entre otras. En todos estos casos llevamos a cabo actos del habla, es decir, hacemos cosas con las palabras.

Austin plantea una distinción entre emisiones realizativas y constatativas. Las constatativas son aquellas que describen al mundo o un estado de las cosas, se pueden evaluar como verdaderas o falsas; las realizativas, llevan a cabo las acciones al ser emitidas, no son ni verdaderas ni falsas.  Con esto, Austin se deslinda de los filósofos y lingüistas que han supuesto que el papel de un “enunciado” sólo puede ser “describir” algún estado de cosas, o “enunciar algún hecho” con verdad o falsedad; de tal manera que defiende: “No todos los enunciados verdaderos o falsos son descriptivos”. Austin señalaba que, antes que describir o constatar la verdad o falsedad de los acontecimientos, la finalidad de los enunciados performativos es la de producir una transformación de lo que nos es dado o de crear una nueva condición de la realidad.

Al hablar de poesía performática, es preciso tener claro el concepto de performance y su vínculo con la poesía, donde se refiere a la puesta de la voz del poeta en la que pierde su estabilidad de palabra escrita, para llevarla a la acción desde la intensidad de la voz, el ritmo, las pausas, la entonación, el énfasis, entre otras experiencias sensoriales como la materialidad del lenguaje, a través de la repetición. Aquí se valida pensar en la poesía oral, en donde el lenguaje se encarna en la voz del creador del texto –en muchos casos–, esto lo vuelve performático ya que es único en la acción de espacio y tiempo. Entre lo que Austin destaca se halla el hecho de que los participantes en el juego del lenguaje estén de acuerdo en jugar, y que la persona que pronuncia un enunciado performativo tenga el poder de hacerlo. Sigue leyendo “¿Es que hay una poesía que no fuera performática?”

Hojas Sueltas · Inhalando Líneas · Literatura Latinoamericana

Los pasos perdidos de Alejo Carpentier

Alejo Carpentier en su libro Los pasos perdidos, nos narra sobre un funcionario casado con una artista de teatro (Ruth) que viaja bastante, se ven poco y su relación no es muy satisfactoria. El protagonista tiene una ocupación secundaria, la cual es descubrir los orígenes de la música a través de los instrumentos. En los primeros 5 capítulos vemos desde revolución, ciudad en ruinas, un viaje río arriba en la espesa selva, una escritura musical entre otros temas.

Mi interés en leer esta novela es porque tiene diversas lecturas. Se plantea en ella un imaginario textual que se representa como signo literario. Me refieren, como lectora, a un mundo en el que no solo basta viajar físicamente, sino que, además, nos sumerge en el espacio-tiempo y mito, entendiendo como espacio Latinoamérica. Esta novela me llama la atención porque nos presenta a un personaje que muestra la deconstrucción de la identidad cultural del hombre americano. Es por ello que, mientras leo el texto, coincido lo que es textualidad con historia, así mismo, la lectura de la novela de Carpentier implica una actitud abierta a los enunciados.

Para Roland Barthes, todo texto es un espacio de dimensiones múltiples donde se encuentran y se interpelan escrituras variadas. Así, en su texto Escribir la lectura, Barthes intenta sistematizar el cuerpo en un movimiento de cabeza cuando leemos, es decir, una lectura irrespetuosa. Dice también, que la lectura crítica funciona como un  ente microscópico. Decidí leer a Carpentier por la importancia que tiene su escritura, donde encuentra en el lenguaje y en la propia literatura maniobras y contradicciones sobre el ser humano.

Según Barthes la texto-lectura es poco conocida porque desde hace siglos no hay un interés en el lector, pero resulta un poco arbitraria esa imposición ya que los lectores somos consciente de que la verdad no es más que un juego discursivo y Carpentier imita textos, juega con ellos, y por lo tanto, como lectores, nos introduce en la reescritura a partir de nuestra mirada con el entorno.

Una línea que permitió que la lectura juegue con mi cuerpo

En mi casa me esperaba el desorden dejado por Ruth en su partida; la mera huella de su cabeza en la almohada; los olores del teatro. Y cuando sonara un timbre sería el despertar del objeto, y el miedo a encontrarme con un personaje, sacado de mí mismo, que solía esperarme cada año en el umbral de mis vacaciones.

Leer esas líneas permitió que juegue con mi memoria y logra que uno cree una media sonrisa pensando en lo bien que nos hacer leer. Para Barthes, leer es hacer trabajar a nuestro cuerpo siguiendo la llamada de los signos del texto.

Los primeros 5 capítulos de esta novela se presentan como un relato de viaje, escrito en forma de diario. Se puede empezar a leer esta novela como un sistema hipertextual donde las referencias artísticas y literarias, tales como: Odisea, Comedias americanas, Prometheus, entre otras, y el juego del tiempo nos generan sentidos. En Carpentier, el lector construye procesos temporales, lo que nos permite crear, enlazar, tener referencias y de esta manera nos enfrentamos al acto de leer.

Para Barthes, “el autor está considerado como eterno propietario de su obra, y nosotros, los lectores, como simples usufructuadores”, esto nos muestra que el autor tiene el completo derecho sobre nosotros los lectores, y nos obliga a tener una determinación de la obra, pero el desarrollo de la novela, desde el inicio, nos muestra un viaje que es imposible no vivirlo desde el asiento de lectura; podemos pensar en ese desplazamiento y al mismo tiempo, nos situamos en la experiencia del otro y nos enfrentamos a una realidad que se libera por medio de un diario como punto esencial entre la liberación de imágenes y texto y el estado de la memoria, haciéndonos partícipes de la lectura como dice Barthes, ese texto que escribimos cuando leemos.

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Cinema Novo: Dios y el diablo en la tierra del sol

Una de las características del Cinema Novo es plasmar en el cine una realidad que nos sacuda por completo. A través de escenas, que nos enfrentan a la sociedad, tomamos conciencia de la reacción del hombre contra el hombre en medio de conflictos sociales en nuestro entorno, donde la identidad cultural es usada como enfrentamiento ante al poder político. Es por ello que este texto tratará sobre la película Dios y el diablo en la tierra del sol como un compromiso con la verdad más que con la vida, donde la solución a los problemas radica en la violencia, una violencia que no es gratuita, una violencia que nace del hambre de saber que existen jerarquías fijas y que pueden ser derrotadas a través de la revolución.

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Glauber Rocha en su texto Estética de la violencia nos dice: «La más auténtica manifestación cultural del hambre es la violencia»[1]  Es violento querer involucrarse con la realidad histórica del país, es violento comprometerse con la verdad. En general, el NCL y el Cinema Novo son de representación militante que nos muestra que el cine debe ser un instrumento de liberación y de acción contra la neocolonización política y cultural del continente.

En Dios y el diablo en la tierra del sol,  Rocha nos presenta a personas de Brasil que viven en un entorno nacional, partiendo con una toma ampliada de Sertão como un lugar ficticio, nos cuenta la historia de un pueblo en donde la creencia estaba llena de ideales que se creían posibles de alcanzar. Desde el inicio marca los espacios abiertos como referencia a que la tierra es del propio hombre. Presenta dos imágenes de animales en descomposición siendo acabados por moscas e inmediatamente nos pone en escena a un hombre con un gesto pensativo cómo queriendo saber dónde está y luego se pone de pie para irse en medio de una vasta tierra que se extiende poco a poco gracias a la cámara.

dios y el diablo

Es importante señalar el uso de los espacios abiertos, porque plantea la idea de que el NCL presenta múltiples exploraciones partiendo de un cine de la pobreza, de un cine imperfecto que, como menciona Julio García, es un cine reaccionario[2]. Gilles Deleuze planteaba en su texto La imagen-tiempo que «como la filosofía, el cine es más una cuestión de geografías que de historias»[3] partiendo de este planteamiento, se podría decir que el NCL está reducido a determinadas culturas en donde existe una tensión interna entre fronteras y puentes que generan una conexión particular en la sociedad como, por ejemplo, la memoria y la conciencia que, en el NCL, funcionan como catalizador entre las imágenes en movimiento y la propia mirada humana.

Dios y el diablo en la tierra del sol posee una fuerza que impacta a la primera oportunidad de verla. La influencia de Sergei Eisenstein y el Neorrealismo italiano, nos muestra un cine de lugares salvajes y cautivadores con una acerba crítica social y política hacia las jerarquías que gobiernan en América Latina y hacia el continuismo presente en el ser humano. Detrás de la pseudo idea de progreso político y económico[4] se tapa la verdadera situación de la sociedad brasileña, en especial el tema de la pobreza en la que vivía gran parte de la población. Sigue leyendo “Cinema Novo: Dios y el diablo en la tierra del sol”

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Se fue

«Lorena páseme una camisa limpia, esa no, la de cuadros. Quiero irme decente. Sí, la blanca; la que me hiciste». Lorena me abrocha los botones del cuello y pasa sus manos sobre mis mangas para quitar las arrugas.

«Bueno, me voy. Ángel tráeme mi reloj y mis zapatos negros». Los ojos de mi hijo se hacen chiquitos con un brillo líquido en sus pupilas, camina desganado hacia el cuarto para traer mis cosas.

«Bueno me voy» repito. Lorena, mi mujer, voltea a verme, me mira fijamente con sus ojos tristes y truena los dedos de sus manos, se pone nerviosa sobando su amplio vientre, sale de la habitación.

«Bueno me voy» repito. Carla entra a la habitación y las lágrimas empiezan a humedecerle la cara; tiene los labios hinchados. «¿Por qué lloras pues mijita? Límpiate y ven a darme un beso que me voy, no perdamos el tiempo, llorarás cuando seas grande, ¿Entiendes? Dame un beso y un abrazo y ve, llama a Carlos que me voy». Carla sale despacito solloza mientras se acomoda el cerquillo de su frente. Escucho que le dice a Carlos que entre y lagrimeando dice «se va».

La puerta suena y entra Carlos sonriente, mirando al piso; de un impulso se echa sobre mí y empieza a llorar. Lo separo enseguida. «Mira mijito, los hombres no lloramos, ¿está bien?, límpiate esas lágrimas y dame la mano, aprieta fuerte, ¡eso es!». Carlitos me sonríe y con voz segura me dice que estará bien. Lo abrazo y lo dejo ir.

Lorena se sienta sobre el sofá, tiene las mejillas coloradas, los rayos de luz que entran por las claraboyas brillan en sus ojos; me da un beso. Se me aglutina algo en la garganta; escucho su respirar forzado pretendiendo no llorar. «Mira Lorena, eres lo mejor que me ha pasado, espero haber sido lo mejor para ti, al menos lo que quisiste que sea…» nos quedamos en silencio. Sigue leyendo “Se fue”

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Todavía no

A las cuatro de la mañana el silencio es triste en esta casa. Nelson, lleno de sudor, se levanta de golpe; minutos antes dormía inquieto sobre una cama roída por las mismas polillas que aletean alrededor de un foco blanquinoso; la cama rechina a cada movimiento con el que intenta espantar a los mosquitos; se pone de pie y descalzo pisa las tablas que están algo frías, da un brinco del estremecimiento y atraviesa el cuarto dirigiéndose a la cocina para beber un poco de agua. Se asoma a la ventana y respira hondamente el aire fresco de la madrugada; se lava el rostro y camina salpicando gotas de agua en el piso. Don Ernesto, su padre, un sujeto gordo, tosco y manco, se levanta y hace lo mismo. Nelson se sienta sobre la cama chillona y sacude su cabello con las manos. Su cuerpo delgado está lleno de picaduras de mosquitos, por lo que su padre se ríe burlonamente.

Nora no ha dormido durante toda la noche, el temor de estar un día más en esta casa no la dejado descansar. Los mira tímidamente desde su cama donde amaneció escribiendo; deja el cuaderno; casi débil se levanta y, de puntillas, va al baño. Yo ya me he preparado para mi quehacer diario, enciendo el fogón mientras que, con un trapo, ahuyento a los bichos. Nelson toma su libreta, como de costumbre, y empieza a escribir, enredado aún en sus sueños sin forma; parece algo inquieto; deja sus notas sobre la mesa, y se alista para salir. Me acerco curiosamente a leer lo que ha escrito: «Ustedes que leen aún pueden respirar; pero yo, estoy enredado entre sombras, esta noche será».

Nora sale a la sala con la falda que he planchado minuciosamente que, luego de sentarse, se arrugará y perderá su lisura, enciende un cigarrillo «señorita, vaya a humear fuera de la casa». Se sienta en la escalera respirando, difícilmente, el aire de las naranjas; el sol empieza a aparecer y los grillos dejan su cri cri escondiéndose entre las hojas. Don Ernesto no pide permiso y baja a golpes toscos por la escalera intentado no caerse; con su mano izquierda roza la espalda de Nora y se va entre las plantas de naranjas. Nora lo mira con desprecio y esconde su rostro entre sus piernas. Me siento en la escalera y respiro el aire femenino «Te has puesto el delantal al revés», lo acomodo.

A los pocos segundos Nelson baja la escalera tras de su padre y lo sigue entre las plantas de naranjas, ambos desaparecen en medio del día aún oscuro. Sigue leyendo “Todavía no”