Inhalando Líneas

Cómic Ojos de gato una metáfora de la vida

Leí el cómic Ojos de Gato de Jodorowsky y Moebius y me ha impacto en gran medida el fondo de la historia, más allá de la narrativa a nivel de ilustración.

MOEBIUS1Narra, visualmente, a un hombre que se encuentra asomado en una ventana donde, desde la primera imagen que lo muestra, nos da a entender el uso del espacio para denotar la altura del ave a la que él espera. Esta imagen encerrada en el marco de una línea gruesa.

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Así mismo, aparecen edificios, casi destruidos,  en medio de una jungla que alimenta un paisaje desolador. Aparece aquí un gran plano general que nos ofrece información sobre el contexto donde transcurre la acción. El rayo de luz que surge en el cielo, remarca la ciudad. Aparece el gato negro, y ahí es el inicio de todo.

Es un cómic que nos desconcerta un poco y hay que reelerlo muchas veces para atender a los detalles, a las expresiones mínimas y a las acciones que son resumidas y ocurren en menos de 60 páginas.

Algo que me llama la atención es la estructura visual de la narración, existe una repetición de imágenes aunadas con unas ilustraciones que detalla cada acontecimiento. Los autores juegan de forma irónica con el espacio, porque en el cuadro delimitado en negro, da una sensación de altura, amplitud e inmensidad, mientras tanto con el uso de la página entera, causa sensación de agobio, de congestión y enclaustramiento. Nos deja preguntando ¿quién es el personaje que aparece en la ventana? Sigue leyendo «Cómic Ojos de gato una metáfora de la vida»

Inhalando Líneas

Margit Frenk sobre los lectores del siglo de oro español

 Margit Frenk realiza un panorama de la lectura durante el Siglo de oro español, que transcurrió más o menos entre los siglos XVI y XVII, llegando a su decadencia —debido a la misma decadencia política de España— en el siglo XVIII. Esta era una época que nació junto con el Renacimiento; es decir, apenas la Edad Media estaba llegando a su fin y las formas de relación comenzaban a cambiar. La literatura, por ejemplo, estaba tomando otro rumbo a partir de la invención de la imprenta y su respectiva difusión. Los hábitos de lectura estaban cambiando, aunque algunos luchaban y resistían, como es el caso de la lectura en voz alta.

Es en el siglo XV, ya terminando el Medioevo, que se pasa de una lectura oral a una lectura ocular: el órgano relacionado con la lectura ya no era la boca junto con el oído, sino que era el ojo. La lectura silenciosa cambia por completo la recepción del texto literario, la manera en la que se entiende e interpreta la literatura ya no es la misma. Sin embargo, durante el Siglo de oro español aún podía hablarse de una tradición de lectores-oyentes. Frenk explica que, en este momento de la historia, las obras llegaban al vulgo a través de las lecturas en voz alta, de textos enteros aprendidos de memoria. Esta forma de lectura permitía precisamente que sea el vulgo quien se apropie del texto, aunque estos pudiesen ser considerados difíciles de entender; este público, generalmente juzgado como ignorante, era el lector-oidor de la época, eran ellos quienes recitaban de memoria textos enteros porque esta suponía su experiencia de lectura. Aunque es necesario aclarar que esta lectura no era propia de esta clase social ni debe relacionársela a un público inculto, sino que más bien se trata de una experiencia de lectura colectiva.

Hay que tener muy en cuenta cuán reciente era la invención de la imprenta y percatarse de que su rápido auge no pudo haber desterrado de la noche a la mañana los ancestrales hábitos de «consumo » de la literatura […] Antes del siglo XV los textos eran leídos en voz alta, recitados de memoria, salmodiados o cantados; su público era un público de oyentes, un «auditorio». Los manuscritos servían para fijar los textos y apoyar la lectura en voz alta, la memorización, el canto.[1]

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Inhalando Líneas · Literatura Latinoamericana

El nombre de la Rosa – Qué le aportó la escolástica medieval a la historia de la lectura

Aproximadamente a partir del siglo XII aparece una forma de lectura nueva llamada la «escolástica». Este contexto coincide con el nacimiento de las primeras universidades que eran instituciones medievales orientadas al conocimiento ligado a la teología. La técnica escolástica renovó por completo la manera en la que se leía y entendía un texto, y perduró hasta finales de la Edad Media, justo antes de la llegada del Renacimiento.

Lo que la escolástica proponía era que los textos no solamente debían ser leídos sino también entendidos; que el conocimiento y la formación eran posibles a través de la lectura de los libros adecuados. La primera etapa de la lectura escolástica tenía como protagonistas a la fe y la razón, pero siempre la razón era la que se subordinaba a la fe: el aprendizaje estaba condicionado a los textos sagrados; sin embargo, el método escolástico fue teniendo cambios a lo largo de los años, hasta que en su última etapa se puede apreciar una separación total entre la fe y la razón, una distinción absoluta de la teología y la filosofía en cuanto a sus obvias diferencias.

De ahí en adelante, un libro no se abordaba de cualquier manera. […] Era preciso que el lector pudiese encontrar con facilidad lo que buscaba en el libro, sin tener que hojear las páginas. Para responder a esa exigencia, se empezó por establecer divisiones, a marcar los párrafos, a dar títulos a los diferentes capítulos, y a establecer concordancias, índices de contenido y alfabéticos que facilitasen la consulta rápida de una obra y la localización de la documentación necesaria.[1] Sigue leyendo «El nombre de la Rosa – Qué le aportó la escolástica medieval a la historia de la lectura»

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¿La lectura en rollos suponía un modo de lectura distinto al método de lectura moderno?

Los inicios de la lectura para los romanos fueron los rollos de papiro. Leer un libro era leer un rollo hasta, aproximadamente, el siglo III d. C. Este rollo contenía una parte de la totalidad de un texto y la manera en que se leía era sosteniendo el rollo con la mano derecha, desenrollándolo con la mano izquierda mientras se lo leía para que finalmente quedase enrollado otra vez en la mano opuesta a la inicial.

Un texto podía estar escrito en un solo rollo o también podía estar disperso en varios rollos que formaban la totalidad. Esta experiencia de lectura suponía prácticas distintas a las que nacen posteriormente: implica un acto de leer diferente.

Aunque tanto la lectura del rollo como la lectura moderna parecen implicar una relación similar en cuanto a la fisiología del lector, como la postura, hay varias diferencias que cambian por completo el sentido de la lectura. Uno de ellos es, como era de esperarse, la lectura en voz alta; los rollos se leían generalmente en voz alta, era incluso común que hubiesen oidores mientras alguien leía. Esto implicaba un uso diferente del ojo, el oído y la boca en torno a la lectura que el que se les da en la modernidad.

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La lectura es la posibilidad y la condición de la escritura

Para Roland Barthes, la lectura es otra forma de escritura. En su ensayo “Escribir la lectura”, Barthes comenta que, como el estudio de la literatura se ha enfocado siempre en el autor, el papel del lector en la experiencia de lectura ha sido desplazado, aunque este pudiese ofrecer un análisis más interesante y con más posibilidades.

Barthes dice que siempre que leemos no solamente realizamos la lectura del texto, sino que también llevamos a cabo una escritura a partir de él. Esta teoría sobre la lectura nunca había sido propuesta, precisamente porque la crítica literaria nace enfocada en el autor —por qué escribió su obra, qué quiso decir, en qué contexto escribe, etcétera—. Lo que se intenta plantear ahora es que el lector le da sentido al texto, que las palabras de un texto se reescriben cada vez que son leídas. Barthes es el primero en proponer que la lectura siempre supone una escritura, que ambas aparecen casi simultáneamente. Este proceso de lectura-escritura nace, sin embargo, en un momento específico del acto de leer: cuando el lector levanta la cabeza.

Barthes admite que levantar la cabeza es un gesto irrespetuoso porque, después de todo, marca una interrupción en la lectura; sin embargo, es también el momento en que el lector aterriza en todo lo que ha leído y reescribe el texto que ahora le pertenece también a él. De esta manera, el acto que parece ser irrespetuoso se convierte en la posibilidad de generar un nuevo texto a partir de uno que parecía sagrado. Sigue leyendo «La lectura es la posibilidad y la condición de la escritura»

Inhalando Líneas

¿Es que hay una poesía que no fuera performática?

Las teorías de los actos del habla es una de las más notorias de las aportaciones de J. L. Austin, en su obra cómo hacer cosas con las palabras, nos muestra la idea de que el lenguaje no es solamente para describir el mundo, sino que, con él se realizan ciertas acciones y no solamente la del “decir algo”. La unidad primordial de la comunicación no son solo palabras o locuciones, sino, los actos del habla. Dicho esto, cuando utilizamos el lenguaje, podemos transmitir una información, por ejemplo, hoy es 11 de diciembre, podemos pedir algo: pásame la sal; podemos aconsejar: tienes que tener más cuidado; entre otras. En todos estos casos llevamos a cabo actos del habla, es decir, hacemos cosas con las palabras.

Austin plantea una distinción entre emisiones realizativas y constatativas. Las constatativas son aquellas que describen al mundo o un estado de las cosas, se pueden evaluar como verdaderas o falsas; las realizativas, llevan a cabo las acciones al ser emitidas, no son ni verdaderas ni falsas.  Con esto, Austin se deslinda de los filósofos y lingüistas que han supuesto que el papel de un “enunciado” sólo puede ser “describir” algún estado de cosas, o “enunciar algún hecho” con verdad o falsedad; de tal manera que defiende: “No todos los enunciados verdaderos o falsos son descriptivos”. Austin señalaba que, antes que describir o constatar la verdad o falsedad de los acontecimientos, la finalidad de los enunciados performativos es la de producir una transformación de lo que nos es dado o de crear una nueva condición de la realidad.

Al hablar de poesía performática, es preciso tener claro el concepto de performance y su vínculo con la poesía, donde se refiere a la puesta de la voz del poeta en la que pierde su estabilidad de palabra escrita, para llevarla a la acción desde la intensidad de la voz, el ritmo, las pausas, la entonación, el énfasis, entre otras experiencias sensoriales como la materialidad del lenguaje, a través de la repetición. Aquí se valida pensar en la poesía oral, en donde el lenguaje se encarna en la voz del creador del texto –en muchos casos–, esto lo vuelve performático ya que es único en la acción de espacio y tiempo. Entre lo que Austin destaca se halla el hecho de que los participantes en el juego del lenguaje estén de acuerdo en jugar, y que la persona que pronuncia un enunciado performativo tenga el poder de hacerlo. Sigue leyendo «¿Es que hay una poesía que no fuera performática?»

Hojas Sueltas · Inhalando Líneas · Literatura Latinoamericana

Los pasos perdidos de Alejo Carpentier

Alejo Carpentier en su libro Los pasos perdidos, nos narra sobre un funcionario casado con una artista de teatro (Ruth) que viaja bastante, se ven poco y su relación no es muy satisfactoria. El protagonista tiene una ocupación secundaria, la cual es descubrir los orígenes de la música a través de los instrumentos. En los primeros 5 capítulos vemos desde revolución, ciudad en ruinas, un viaje río arriba en la espesa selva, una escritura musical entre otros temas.

Mi interés en leer esta novela es porque tiene diversas lecturas. Se plantea en ella un imaginario textual que se representa como signo literario. Me refieren, como lectora, a un mundo en el que no solo basta viajar físicamente, sino que, además, nos sumerge en el espacio-tiempo y mito, entendiendo como espacio Latinoamérica. Esta novela me llama la atención porque nos presenta a un personaje que muestra la deconstrucción de la identidad cultural del hombre americano. Es por ello que, mientras leo el texto, coincido lo que es textualidad con historia, así mismo, la lectura de la novela de Carpentier implica una actitud abierta a los enunciados.

Para Roland Barthes, todo texto es un espacio de dimensiones múltiples donde se encuentran y se interpelan escrituras variadas. Así, en su texto Escribir la lectura, Barthes intenta sistematizar el cuerpo en un movimiento de cabeza cuando leemos, es decir, una lectura irrespetuosa. Dice también, que la lectura crítica funciona como un  ente microscópico. Decidí leer a Carpentier por la importancia que tiene su escritura, donde encuentra en el lenguaje y en la propia literatura maniobras y contradicciones sobre el ser humano.

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