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A veces hay tanto vacío y

Muy señora mía:

Ayer recibí de las manos de alguien incógnito su carta y la lectura de la misma me dejó perpleja. Usted estuvo en mi búsqueda, sabrá Dios por qué ha dispuesto que me encontrara. Yo estoy en casa, (entre mis libros, perdida, en mi cama) leyendo por manía. Ahora le escribo a usted para estar ocupada y así evitarla. No hay peor cosa que la ociosidad y estar ocioso es una manera de invocarla y la mejor cura es escribir. “El que ha nacido melancólico extrae tristeza de cualquier acontecimiento”, afirma Freud. Todavía lo define mejor Fernando Pessoa: “Una nada que duele”, leo esto y mi sentido humoral se centra en una poesía y al instante me hundo en usted. Lloro, lloro como una niña, me pareció haberla sentido dentro de mí. Yo estoy algo confusa con mis ojos lacrimosos en medio de esas páginas, pero excúseme usted por no querer permitir su visita en este momento, necesito que se vaya lo antes posible.

Desde aquí, desde la cama, si abro los ojos los fuerzo a cerrarse ante el sueño que no tengo, siento un tedio oscureciendo mis manos. Me quedo pensando y siempre concluyo en alguna cosa sin sentido. Lo que consigo es un producto, en mí, no de mi voluntad, sino de una voluntad suya. Esta carta es mi cobardía.

Me siento y

con fuerza interrumpo su llegada.

Me siento sobre mis piernas, en la cama.

La razón para interrumpirla es que algo dentro de mí aun sabe que no todo es real, miro el paisaje que está en el cuadro de la puerta, quiero entrar, pero los pies me pesan demasiado y huyo de ese pensamiento. Tengo la necesidad de no hablar con las personas, quiero escribir y escribir equivale a despreciarme. Hay venenos necesarios, pero escribir agita mis ramas y lanza ruidos infernales y lo gozo. Sigue leyendo «A veces hay tanto vacío y»

Hojas Sueltas · Inhalando Líneas · Literatura Latinoamericana

Los pasos perdidos de Alejo Carpentier

Alejo Carpentier en su libro Los pasos perdidos, nos narra sobre un funcionario casado con una artista de teatro (Ruth) que viaja bastante, se ven poco y su relación no es muy satisfactoria. El protagonista tiene una ocupación secundaria, la cual es descubrir los orígenes de la música a través de los instrumentos. En los primeros 5 capítulos vemos desde revolución, ciudad en ruinas, un viaje río arriba en la espesa selva, una escritura musical entre otros temas.

Mi interés en leer esta novela es porque tiene diversas lecturas. Se plantea en ella un imaginario textual que se representa como signo literario. Me refieren, como lectora, a un mundo en el que no solo basta viajar físicamente, sino que, además, nos sumerge en el espacio-tiempo y mito, entendiendo como espacio Latinoamérica. Esta novela me llama la atención porque nos presenta a un personaje que muestra la deconstrucción de la identidad cultural del hombre americano. Es por ello que, mientras leo el texto, coincido lo que es textualidad con historia, así mismo, la lectura de la novela de Carpentier implica una actitud abierta a los enunciados.

Para Roland Barthes, todo texto es un espacio de dimensiones múltiples donde se encuentran y se interpelan escrituras variadas. Así, en su texto Escribir la lectura, Barthes intenta sistematizar el cuerpo en un movimiento de cabeza cuando leemos, es decir, una lectura irrespetuosa. Dice también, que la lectura crítica funciona como un  ente microscópico. Decidí leer a Carpentier por la importancia que tiene su escritura, donde encuentra en el lenguaje y en la propia literatura maniobras y contradicciones sobre el ser humano.

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No-éter

Hubo un tiempo en el que la tecnología no iba ligada a mi quehacer diario. Leía, trabajaba, leía, trabajaba y vivía en una constante individualización, me había alejado de las masas, me enfrascaba en mi pensamiento, flotaba libremente con naturalidad en mi interior. Ordenaba mi propio mundo a partir de mi propio sistema de sociabilidad. Era como un pájaro, andaba en mi propio vuelo, pero no había bandadas que me siguieran, pasaba desapercibida y eso para mí era libertad.

Hubo un tiempo en el que me quedaba petrificada frente a la existencia de las personas, me sentía en un laberinto. Hija ejemplar encerrada en una alcoba introvertida con pensamientos herméticos que se agrupaban sin separarse. Visto así, me convertí en mi propia ciudad, con mi propia organización dotada de ramificaciones internas que siem-pre tenían una salida: escribir, leer, hablar sola. Mantenía un orden.

Hubo otro tiempo en el que empecé a sentirme en un callejón sin salida: pasillos de ansiedad, pensamientos entretejidos que caían por escaleras, ya no leía con regularidad, lloraba cuando tenía que ir a trabajar, ya no me movía con mesura en mi propio espacio.

Hubo otro tiempo en el que todo era ficción. Leyes por doquier, padres estrictos, hija rebelde. Sueños truncados. Vivía en un sistema de funciones que funcionaban solo para funcionar porque algo no funcionaba. Vivía en un sistema de ficciones que me sacaban de la caja y me permitían fingir. Visto así, me convertí en pensamientos ilógicos, empecé a aliarme a las masas, me convertí en cifras, registros, exámenes, salidas, paseos, no mantenía el orden. Sigue leyendo «No-éter»

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Diagnóstico

Esta historia es enteramente verdad porque yo la he imaginado de principio a fin.
   -Boris Vian-

Nací el 31 de enero de 1985. Es decir: el día en el que el Papa vino por primera vez a Ecuador. Algo, si se quiere, digno de ser conmemorado. Pero, aparte de eso, nada de memorable hubo en mi nacimiento.

Muévete que tenemos que salir. En la calle había aumentado la gente que trataba de subir en los buses que los llevaría a la Alborada. Él movió la cabeza con desgano. Mejor anda sola.

Se fue en medio de la pequeña turba que agitaba las manos entre los buses. La lluvia y el lodo no era impedimento para asistir a un evento tan importante. Él estaba en el cuarto, grande y desordenado, miraba las paredes rajadas y con manchas de goma amarilla, la cama sin hacer. Yo no pienso arreglar esto. Se levantó, bebió un trago y salió a la calle para acompañarla. Llegó el Papa, llegué yo.

Hoy, 33 años después, estaba revolviendo los “papeles importantes” de la casa en el cajón donde flotan — entre neblinas de recuerdos — las dudas, los problemas, los orgullos, la historia de vida de ocho personas. Manoseo todo, las fotos, los primeros dientes, el carnet de salud; palpo sin querer, un hueso de muerto.

Sonrío.

¿Qué haces en mi cuarto? Nada, estoy buscando un certificado del pago de los predios urbanos y no lo encuentro. Estira su mano, me mira confuso y me da una carpeta que dice: Municipio de Guayaquil, alcaldía de Martha Bucaram de Roldós. Entre polvo y polillas encuentro lo que buscaba. Me llevo con apuro algunos documentos.

Durante toda mi infancia odié la expresión «hazlo tú sola, tú puedes, mira cómo te las arreglas». A pesar de todo, no había inferioridad, yo era un ser más. Mi madre me trataba con ruido, fuerza, amor e ira. Quería hacer de mí una persona valerosa. Lo consiguió. Siempre que yo salía, ella se quedaba parada en la puerta, estiraba el cuello para ver cómo me iba, luego se echaba a llorar, serena, con una sonrisa hermosa. Sigue leyendo «Diagnóstico»

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También hay Ninfas en las calles

Tiembla de frío en las sucias calles de Guayaquil con un antojo desfavorecido que se inmuta ante la codicia permanente del placer que la rodea. Camina arrastrando una cobija de orgullo, mirando con rencilla la luz hosca de la calle. Desprecia las duras baldosas hasta convertirlas en inocencia y plasma su sonrisa tétrica en cada pensamiento que la abstrae a su mundo, de nuevo cae.

Pasan a su lado diez personas, luego siete, luego nadie. Todos la miran y se alejan porque su cabello huele a ficción y sus manos hurgan la soberbia que se infiltra en cada vena; en la médula que trepida de rabia y en la bilis que quiere brotar de enojo.

calles

Sigue caminando y con la mirada destruye todo a su paso; con un gesto circular en el aire precisa poseer todas las virtudes de las mujeres que gritan de hermosura superior a la de ella. Princesa bizantina que no encaja en ninguna canción. Que no palpita en ningún pecho. Que se burla en simetrías con su máscara belicosa de humildad, usando su perfume de poder , ocultando su frente triste y sensitiva como si fuera novela europea. Sigue leyendo «También hay Ninfas en las calles»

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Carta a la melancolía

Muy señora mía:

Ayer recibí de las manos de alguien incógnito su carta y la lectura de la misma me dejó perpleja. Usted estuvo en mi búsqueda, sabrá Dios porque ha dispuesto que me encontrara. Yo estaba en casa, (entre mis libros, perdida, en mi cama) leyendo por manía.

El sentido humoral de mi persona estaba centrado en una poesía que me sumió en la depresión, lloré, lloré como una niña, me pareció haberla visto algo confusa con mis ojos lacrimosos en medio de esas páginas, pero excúseme usted, por no permitir su visita en ese momento. Ordené a mis fluidos corporales, (entre ellos a mi bilis negra), que no le de paso a su presencia mientras que la locura se apoderaba de mí. El sentido de libre condición susceptible y una rareza hermética de desolación me acechaban, sentía cómo me vigilaban y sentía que se me acercaban con la mirada penetrante y de mi piel se erizaba del horror. Sigue leyendo «Carta a la melancolía»

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Sin Carretera

Su bandera se mantiene a flote

No sabe a qué hogar pertenece, no sabe si tiene un sitio.

Hay ruinas de lo que fue un pasado del viajero obligado

que se levanta de su lecho para beber una cerveza

que lo amarra a su camino.

Trata de alcanzar un sueño imposible, se vuelve vagabundo en su propia casa.

**

Con la camisa rota y sin su manto de colores

habita territorios en la calle;

hecha raíces, pierde la inocencia,

pierde la memoria.

Habita en un lapso de su tiempo.

Deja huellas en un planeta que se despedaza ante él.

Camina por ahí soñando

mitad cielo, mitad tierra

Aferrándose a la orilla para no irse.

**

Viene de lejos, ni siquiera llega

Lo espera gente que dará frutos.

Vuelve su rostro al mundo que quiere; emigra, vuela.

Pasea por calles de derrota

Solitario murmurando

escuchando el abandono de una ciudad que es mina del tiempo.

Lo araña el odio.

Nadie lo consuela

Es huérfano en busca de destino.