Inhalando Líneas

Barthes y la muerte del Autor

Este es un pequeño ensayo que hice en referencia a La muerte del autor, desde la visión de Roland Barthes, ligándolo al texto de Introducción a la teoría literaria de Terry Eagleton.

“La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que va a parar nuestro sujeto, el blanco y negro, donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe”[1], desde el comienzo de esta frase escogida del apartado La muerte del autor del libro El susurro del lenguaje de Roland Barthes, se plantea la subjetividad como noción propia de lo que es el sentir y el pensar del sujeto, y no solo del lenguaje utilizado en la escritura. La escritura tiene un vínculo directo con el autor, pero solo el autor tiene el poder de decir y saber decir acercando un sujeto a otro a partir del conocimiento simbólico que es el lenguaje; es aquí donde el autor muere, muere al momento de plasmar lo que ha interiorizado, lo que ha pensado; lo que escribe en lo que quiere decir, de este modo, nace la escritura. La conciencia del autor ya no reside en sí misma, sino que es arrojada sobre el mundo.

El sujeto biográfico en el texto literario es esencial y permanente al discurso de la modernidad, no se puede separar del texto al autor. Mallarmé manifiesta que,  “es el lenguaje y no el autor el que habla”[2] fue el primero en ver y prever en toda su amplitud la necesidad de sustituir por el propio lenguaje al autor, en beneficio de la escritura, lo que lleva, a que el lector ocupe su sitio nuevamente. Así mismo, Valéry reivindicó, a lo largo de sus libros en prosa, la condición verbal de la literatura. Por otra parte, Proust habla del proceso de creación.

Hay varios “yo”: autor, lector, escritor. Antes de la muerte del autor, Barthes, anuncia estas pérdidas de la voz y del origen al comienzo de su texto, que son inherentes a  la escritura, y lo que hace es apartar la escritura de la vida del autor, la escritura de la obra. De esta manera Barthes destruye al autor al mismo momento que construye al lector por lo cual recurre al estructuralismo del lenguaje. “el autor no es nunca más que el escribe del mismo modo que el yo no es otro que el yo que dice yo”[3] Barthes argumenta que el relato literario no está causado por la biografía. La respuesta es sustituir al Autor por el Lector, deja a la escritura fuera de este hecho a no ser que consideremos al Lector como escritor o coactor de la obra, entonces, recurrimos nuevamente a lo performativo que menciona Barthes: la escritura y la voz.

Roland Barthes, observa el lenguaje desde su punto de vista más estructural; nosotros como lectores estamos viendo desde otra perspectiva, observamos: al autor, al lenguaje y al lector, en un mismo punto, buscando comprender cómo funciona el lenguaje.

No sabemos quién escribe, si el autor o los personajes que lo obligan a ser materializados en el lenguaje, jugando con la psicología de la época o de la escritura, ya que escribir es dejar la individualidad para ingresar al terreno de lo colectivo. La escritura como cultura tiene un código narrativo,  que en las sociedades etnográficas manejan la realidad por parte del autor; por ejemplo,  el mundo indígena es un discurso cultural y etnográficamente distinto, es producto de un mundo ajeno que fue relatado por medio de la oralidad y una vez que se ofreció esa visión a un autor pierde su verosimilitud y la escritura ya no surge de lo que el autor quiere representar, sino de lo que sin querer dice.

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Hojas Sueltas · Inhalando Líneas

Una reflexión para la diatriba en contra del trabajo, de Bukowski

BukowskiEsta Carta de Charles Bukowski dirigida a John Martin, inicia con un agravio en contra del trabajo como un bien que se vende. El trabajo humano ha variado con el pasar del tiempo, desde la época de la caza hasta la de la esclavitud, ésta última es la primera manifestación de una actividad sometida, seguida por la época de la servidumbre, en donde el “esclavo libertado” en realidad no era libre, ya que se sometía aún a su amo, Bukowski señala “a los esclavos nunca se les paga tanto como para que se liberen, sino apenas lo necesario para que sobrevivan y regresen a trabajar”, de cualquier manera quedaban sometidos aún a ciertas obligaciones que le imponían, pero en la actualidad la situación y el ambiente laboral han cambiado, ahora existen leyes que amparan al trabajador, derechos, códigos y además nuestros hábitos y costumbres han ido utilizando el conocimiento y la fuerza para satisfacer nuestras necesidades económicas y sociales, de manera que mejoramos nuestra calidad de vida, todo esto se realiza a través del trabajo productivo. Sigue leyendo «Una reflexión para la diatriba en contra del trabajo, de Bukowski»