Inhalando Líneas

Margit Frenk sobre los lectores del siglo de oro español

 Margit Frenk realiza un panorama de la lectura durante el Siglo de oro español, que transcurrió más o menos entre los siglos XVI y XVII, llegando a su decadencia —debido a la misma decadencia política de España— en el siglo XVIII. Esta era una época que nació junto con el Renacimiento; es decir, apenas la Edad Media estaba llegando a su fin y las formas de relación comenzaban a cambiar. La literatura, por ejemplo, estaba tomando otro rumbo a partir de la invención de la imprenta y su respectiva difusión. Los hábitos de lectura estaban cambiando, aunque algunos luchaban y resistían, como es el caso de la lectura en voz alta.

Es en el siglo XV, ya terminando el Medioevo, que se pasa de una lectura oral a una lectura ocular: el órgano relacionado con la lectura ya no era la boca junto con el oído, sino que era el ojo. La lectura silenciosa cambia por completo la recepción del texto literario, la manera en la que se entiende e interpreta la literatura ya no es la misma. Sin embargo, durante el Siglo de oro español aún podía hablarse de una tradición de lectores-oyentes. Frenk explica que, en este momento de la historia, las obras llegaban al vulgo a través de las lecturas en voz alta, de textos enteros aprendidos de memoria. Esta forma de lectura permitía precisamente que sea el vulgo quien se apropie del texto, aunque estos pudiesen ser considerados difíciles de entender; este público, generalmente juzgado como ignorante, era el lector-oidor de la época, eran ellos quienes recitaban de memoria textos enteros porque esta suponía su experiencia de lectura. Aunque es necesario aclarar que esta lectura no era propia de esta clase social ni debe relacionársela a un público inculto, sino que más bien se trata de una experiencia de lectura colectiva.

Hay que tener muy en cuenta cuán reciente era la invención de la imprenta y percatarse de que su rápido auge no pudo haber desterrado de la noche a la mañana los ancestrales hábitos de «consumo » de la literatura […] Antes del siglo XV los textos eran leídos en voz alta, recitados de memoria, salmodiados o cantados; su público era un público de oyentes, un «auditorio». Los manuscritos servían para fijar los textos y apoyar la lectura en voz alta, la memorización, el canto.[1]

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Inhalando Líneas · Literatura Latinoamericana

La hipérbole y el viaje en El Quijote de la Mancha y la Brevísima relación de la destrucción de las Indias

En la Brevísima Relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé de las Casas, se puede observar un estricto orden lineal de la narración, pero, a su vez, existen momentos en los que la redacción nos desconecta del sentido secuencial de lo que nos quiere decir de Las Casas, ya que el uso de figuras retóricas y la acumulación de tropos, existentes en el texto, satura la antítesis que presenta en el fondo discursivo que, a mi parecer, es: los indios tiernos y delicados frente a los conquistadores violentos. Estos detalles retóricos van de la mano con la intención de Bartolomé de las Casas que era: denunciar la crueldad y la violencia que ejercieron los conquistadores a los nativos.

Esta representación hiperbólica en el texto de Bartolomé de las Casas se caracteriza por el uso del tono teológico que contribuye a mostrar al nativo como alguien pacífico que encaja con el termino de “el buen salvaje”. Las Casas pretendía exponer las pruebas y fundamentos de la verdad de la religión católica.

«Todas estas universas e infinitas gentes a toto genero, crió Dios los más simples, sin maldades ni dobleces, obedientíssimas, fidelíssimas a sus señores naturales y a los christianos a quien sirven; más humildes, más pacientes, más pacíficas y quietas, sin renzillas, ni bollicios, ni rijosos, ni querulosos, sin rancores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el mundo»[1] Sigue leyendo «La hipérbole y el viaje en El Quijote de la Mancha y la Brevísima relación de la destrucción de las Indias»

Inhalando Líneas · Literatura Latinoamericana

Borges el pensador y Borges el artista                   

                                       Borges el pensador y Borges el artista                   

Según Aristóteles[1], la literatura produce tres efectos fundamentales: induce la comprensión universal a través de una némesis, provoca emociones específicas de catarsis o fructificación y genera paradigmas de alturas morales y adornos sobre la imagen de la vida. Curiosamente, aunque estos parámetros universales pueden aplicarse con éxito a prácticamente toda la literatura, no son particularmente relevantes en el caso de la producción artística de Borges.

La literatura de Borges aspira a algo muy diferente: llevar las posibilidades de la ficción al límite para transformarla, a través de los recursos de la imaginación, en un campo de prueba para tesis filosóficas, lógicas y metafísicas -ya que existe una estrecha relación entre la cosmología y metafísica.

Borges

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Clásicos · Inhalando Líneas

La naturaleza en Las desventuras del joven Werther

Toda regla asfixia los verdaderos sentimientos y destruye

la verdadera expresión de la naturaleza.

La naturaleza es un concepto que va ligado a la belleza. Baudelaire en el texto El pintor de la vida moderna, señala que la belleza de la modernidad, según el Señor G., es: «La belleza particular, la belleza circunstancial y los rasgos de las costumbre» es decir, que la belleza es la forma en la que está constituida la ciudad, el quehacer diario, la vida parisina y la sociedad. El señor G., encuentra la belleza en la calle, en la gente, en los ambientes superficiales. En cambio Werther, encuentra la belleza en la vida alejada de las calles y de la gente y, de esa manera, la naturaleza va ligada a la personalidad o estado de ánimo de nuestro personaje, lo rodea y va evolucionando conforme evolucionan sus sentimientos. Si bien es cierto, el concepto de Baudelaire es más actual que el de Goethe, este último nos presenta a un personaje que mantiene una relación agradable con la soledad de la naturaleza, es así, que nos dice que, en torno a su viaje:

«Reina en mi espíritu una alegría admirable muy parecida a las dulces alboradas de primavera, de que gozo aquí con delicia… Cuando el valle se vela en torno mío como un encaje de vapores; cuando el sol del mediodía centellea sobre la impenetrable sombra de mi bosque sin conseguir otra cosa que filtrar entre las hojas algunos rayos hasta el fondo del santuario; cuando tendido sobre la crecida hierba, cerca de la cascada, mi vista, más próxima a la tierra, descubre multitud de menudas y diversas plantas; cuando siento más cerca de mi corazón los rumores vivientes de ese pequeño mundo que palpita en los tallos de las hojas…»

Werther vivía en una ciudad que para él era desagradable y se quejaba de la burguesía y del despotismo ilustrado. Para evadirse de todo esto huye de la ciudad a una aldea cercana llamada Wahlheim. Para Werther la naturaleza de este pueblo es bella e indescriptible y, si consideramos cómo aparece la naturaleza en Werther, advertiremos que nos enfrentamos al canon de la naturaleza en el Romanticismo, donde es siempre el reflejo de los sentimientos y las pasiones del héroe romántico. Sigue leyendo «La naturaleza en Las desventuras del joven Werther»

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Roque Dalton: poesía y revolución

“Poesía/  Perdóname por haberte ayudado a comprender/

que no estás hecha solo de palabras”

   Roque Dalton es considerado como uno de los escritores más importantes de la Generación Comprometida. Este calificativo de “Generación Comprometida” se le asigna a un movimiento social y literario que surgió en El Salvador durante la década de 1950, en el cual participaron escritores nacionales y escritores de varios países latinoamericanos residentes en El Salvador, exiliados de sus países de origen a efecto de los acosos y persecuciones políticas que resistían en los mismos. Esta Generación Comprometida surge con una evidente fuerza cultural e intelectual, que intentaba crear una revolución a la conciencia de una sociedad intrínsecamente rural de costumbres adormecidas, como era la salvadoreña de mediados del siglo pasado.

Además de poeta y guerrillero, Roque Dalton fue periodista y ensayista.
Derechos de la imagen: http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-36723491

   Este movimiento liberal, buscaba un cambio social y político para la época. Al frente estaba el poeta Ítalo López Vallecillos al núcleo inicial de escritores conformado por personajes que pasaron a la Historia Nacional como sensibles autores con una notoria profundidad social que recogía y denunciaba los problemas de la época que aún siguen vigentes en la sociedad latina, tales como: exclusión, pobreza, corrupción, autoritarismo etc.

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Inhalando Líneas · Mis Lecturas

Literatura y política en Casa Tomada de Julio Cortázar

El movimiento político que atravesó Argentina en el Siglo XX fue inspiración para muchos escritores, entre ellos, Julio Cortázar, quien da una mirada política de Argentina a través de su cuento “Casa tomada”.c_tomada

Este análisis busca exponer la relación entre “Casa Tomada” de Julio Cortázar con la política que franqueaba Argentina en el momento en el que el cuento fue escrito y publicado. La fecha de publicación de “Casa Tomada”, corresponde al año 1951 en donde quien gobernaba era el militar Juan Domingo Perón[2], este gobierno se puede asemejar a la “toma” de la casa del cuento; tomada por una potencia superior, y el sentimiento de impotencia de los afectados.

Este cuento, es un clásico en la literatura de ficción, casi todos los críticos concuerdan en clasificarlo dentro de la categoría de cuento fantástico, excepto Seymour Menton[3], quien considera un cuento perteneciente a la corriente del realismo mágico ya que “consiste en la visión mágica de la realidad cotidiana, la cual proviene de la aceptación sin emoción de un acontecimiento extraordinario o inverosímil”. Se considera como una crítica al régimen político, escondido dentro de una historia. Encierra un sentido simbólico si lo estudiamos referente a la situación política de Argentina. Sigue leyendo «Literatura y política en Casa Tomada de Julio Cortázar»

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Barthes y la muerte del Autor

Este es un pequeño ensayo que hice en referencia a La muerte del autor, desde la visión de Roland Barthes, ligándolo al texto de Introducción a la teoría literaria de Terry Eagleton.

“La escritura es ese lugar neutro, compuesto, oblicuo, al que va a parar nuestro sujeto, el blanco y negro, donde acaba por perderse toda identidad, comenzando por la propia identidad del cuerpo que escribe”[1], desde el comienzo de esta frase escogida del apartado La muerte del autor del libro El susurro del lenguaje de Roland Barthes, se plantea la subjetividad como noción propia de lo que es el sentir y el pensar del sujeto, y no solo del lenguaje utilizado en la escritura. La escritura tiene un vínculo directo con el autor, pero solo el autor tiene el poder de decir y saber decir acercando un sujeto a otro a partir del conocimiento simbólico que es el lenguaje; es aquí donde el autor muere, muere al momento de plasmar lo que ha interiorizado, lo que ha pensado; lo que escribe en lo que quiere decir, de este modo, nace la escritura. La conciencia del autor ya no reside en sí misma, sino que es arrojada sobre el mundo.

El sujeto biográfico en el texto literario es esencial y permanente al discurso de la modernidad, no se puede separar del texto al autor. Mallarmé manifiesta que,  “es el lenguaje y no el autor el que habla”[2] fue el primero en ver y prever en toda su amplitud la necesidad de sustituir por el propio lenguaje al autor, en beneficio de la escritura, lo que lleva, a que el lector ocupe su sitio nuevamente. Así mismo, Valéry reivindicó, a lo largo de sus libros en prosa, la condición verbal de la literatura. Por otra parte, Proust habla del proceso de creación.

Hay varios “yo”: autor, lector, escritor. Antes de la muerte del autor, Barthes, anuncia estas pérdidas de la voz y del origen al comienzo de su texto, que son inherentes a  la escritura, y lo que hace es apartar la escritura de la vida del autor, la escritura de la obra. De esta manera Barthes destruye al autor al mismo momento que construye al lector por lo cual recurre al estructuralismo del lenguaje. “el autor no es nunca más que el escribe del mismo modo que el yo no es otro que el yo que dice yo”[3] Barthes argumenta que el relato literario no está causado por la biografía. La respuesta es sustituir al Autor por el Lector, deja a la escritura fuera de este hecho a no ser que consideremos al Lector como escritor o coactor de la obra, entonces, recurrimos nuevamente a lo performativo que menciona Barthes: la escritura y la voz.

Roland Barthes, observa el lenguaje desde su punto de vista más estructural; nosotros como lectores estamos viendo desde otra perspectiva, observamos: al autor, al lenguaje y al lector, en un mismo punto, buscando comprender cómo funciona el lenguaje.

No sabemos quién escribe, si el autor o los personajes que lo obligan a ser materializados en el lenguaje, jugando con la psicología de la época o de la escritura, ya que escribir es dejar la individualidad para ingresar al terreno de lo colectivo. La escritura como cultura tiene un código narrativo,  que en las sociedades etnográficas manejan la realidad por parte del autor; por ejemplo,  el mundo indígena es un discurso cultural y etnográficamente distinto, es producto de un mundo ajeno que fue relatado por medio de la oralidad y una vez que se ofreció esa visión a un autor pierde su verosimilitud y la escritura ya no surge de lo que el autor quiere representar, sino de lo que sin querer dice.

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