Hojas Sueltas · Inhalando Líneas · Literatura Latinoamericana

Los pasos perdidos de Alejo Carpentier

Alejo Carpentier en su libro Los pasos perdidos, nos narra sobre un funcionario casado con una artista de teatro (Ruth) que viaja bastante, se ven poco y su relación no es muy satisfactoria. El protagonista tiene una ocupación secundaria, la cual es descubrir los orígenes de la música a través de los instrumentos. En los primeros 5 capítulos vemos desde revolución, ciudad en ruinas, un viaje río arriba en la espesa selva, una escritura musical entre otros temas.

Mi interés en leer esta novela es porque tiene diversas lecturas. Se plantea en ella un imaginario textual que se representa como signo literario. Me refieren, como lectora, a un mundo en el que no solo basta viajar físicamente, sino que, además, nos sumerge en el espacio-tiempo y mito, entendiendo como espacio Latinoamérica. Esta novela me llama la atención porque nos presenta a un personaje que muestra la deconstrucción de la identidad cultural del hombre americano. Es por ello que, mientras leo el texto, coincido lo que es textualidad con historia, así mismo, la lectura de la novela de Carpentier implica una actitud abierta a los enunciados.

Para Roland Barthes, todo texto es un espacio de dimensiones múltiples donde se encuentran y se interpelan escrituras variadas. Así, en su texto Escribir la lectura, Barthes intenta sistematizar el cuerpo en un movimiento de cabeza cuando leemos, es decir, una lectura irrespetuosa. Dice también, que la lectura crítica funciona como un  ente microscópico. Decidí leer a Carpentier por la importancia que tiene su escritura, donde encuentra en el lenguaje y en la propia literatura maniobras y contradicciones sobre el ser humano.

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La hipérbole y el viaje en El Quijote de la Mancha y la Brevísima relación de la destrucción de las Indias

En la Brevísima Relación de la destrucción de las Indias de Bartolomé de las Casas, se puede observar un estricto orden lineal de la narración, pero, a su vez, existen momentos en los que la redacción nos desconecta del sentido secuencial de lo que nos quiere decir de Las Casas, ya que el uso de figuras retóricas y la acumulación de tropos, existentes en el texto, satura la antítesis que presenta en el fondo discursivo que, a mi parecer, es: los indios tiernos y delicados frente a los conquistadores violentos. Estos detalles retóricos van de la mano con la intención de Bartolomé de las Casas que era: denunciar la crueldad y la violencia que ejercieron los conquistadores a los nativos.

Esta representación hiperbólica en el texto de Bartolomé de las Casas se caracteriza por el uso del tono teológico que contribuye a mostrar al nativo como alguien pacífico que encaja con el termino de “el buen salvaje”. Las Casas pretendía exponer las pruebas y fundamentos de la verdad de la religión católica.

«Todas estas universas e infinitas gentes a toto genero, crió Dios los más simples, sin maldades ni dobleces, obedientíssimas, fidelíssimas a sus señores naturales y a los christianos a quien sirven; más humildes, más pacientes, más pacíficas y quietas, sin renzillas, ni bollicios, ni rijosos, ni querulosos, sin rancores, sin odios, sin desear venganzas, que hay en el mundo»[1] Sigue leyendo «La hipérbole y el viaje en El Quijote de la Mancha y la Brevísima relación de la destrucción de las Indias»

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Post-it literario #9

«Y la literatura era un vasto campo minado en donde todos eran mis enemigos, salvo algunos clásicos (y no todos), y yo cada día tenía que pasear por ese campo minado, apoyándome únicamente en los poemas de Arquíloco, y dar un paso en falso hubiera sido fatal. Esto les pasa a todos los escritores jóvenes. Hay un momento en que no tienes nada en que apoyarte, ni amigos, ni mucho menos maestros, ni hay nadie que te tienda la mano, las publicaciones, los premios, las becas son para los otros, los que han dicho «sí, señor», repetidas veces, o los que han alabado a los mandarines de la literatura, una horda inacabable cuya única virtud es su sentido policial de la vida, a ésos nada se les escapa, nada perdonan».

Roberto Bolaño.