Inhalando Líneas

Todavía no

A las cuatro de la mañana el silencio es triste en esta casa. Nelson, lleno de sudor, se levanta de golpe; minutos antes dormía inquieto sobre una cama roída por las mismas polillas que aletean alrededor de un foco blanquinoso; la cama rechina a cada movimiento con el que intenta espantar a los mosquitos; se pone de pie y descalzo pisa las tablas que están algo frías, da un brinco del estremecimiento y atraviesa el cuarto dirigiéndose a la cocina para beber un poco de agua. Se asoma a la ventana y respira hondamente el aire fresco de la madrugada; se lava el rostro y camina salpicando gotas de agua en el piso. Don Ernesto, su padre, un sujeto gordo, tosco y manco, se levanta y hace lo mismo. Nelson se sienta sobre la cama chillona y sacude su cabello con las manos. Su cuerpo delgado está lleno de picaduras de mosquitos, por lo que su padre se ríe burlonamente.

Nora no ha dormido durante toda la noche, el temor de estar un día más en esta casa no la dejado descansar. Los mira tímidamente desde su cama donde amaneció escribiendo; deja el cuaderno; casi débil se levanta y, de puntillas, va al baño. Yo ya me he preparado para mi quehacer diario, enciendo el fogón mientras que, con un trapo, ahuyento a los bichos. Nelson toma su libreta, como de costumbre, y empieza a escribir, enredado aún en sus sueños sin forma; parece algo inquieto; deja sus notas sobre la mesa, y se alista para salir. Me acerco curiosamente a leer lo que ha escrito: «Ustedes que leen aún pueden respirar; pero yo, estoy enredado entre sombras, esta noche será».

Nora sale a la sala con la falda que he planchado minuciosamente que, luego de sentarse, se arrugará y perderá su lisura, enciende un cigarrillo «señorita, vaya a humear fuera de la casa». Se sienta en la escalera respirando, difícilmente, el aire de las naranjas; el sol empieza a aparecer y los grillos dejan su cri cri escondiéndose entre las hojas. Don Ernesto no pide permiso y baja a golpes toscos por la escalera intentado no caerse; con su mano izquierda roza la espalda de Nora y se va entre las plantas de naranjas. Nora lo mira con desprecio y esconde su rostro entre sus piernas. Me siento en la escalera y respiro el aire femenino «Te has puesto el delantal al revés», lo acomodo.

A los pocos segundos Nelson baja la escalera tras de su padre y lo sigue entre las plantas de naranjas, ambos desaparecen en medio del día aún oscuro. Sigue leyendo “Todavía no”

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Aislamiento

Después de tartamudear por años, junto a sus padres y hermanos y de haber sido objeto de burlas en la ciudad, Crisóstomo se dispone, orgulloso, a hacerse un orador nato. En esta ciudad todos hablan como reyes, las casas están construidas para que las voces se escuchen con rigor y fuerza; las paredes tienen varias capas de madera que absorben y aíslan el sonido; no existen ventanas y los techos son inmensamente altos.

En los mercados se escuchan oradores de verdad, esos que hacen que te detengas y aplaudas. Cada puesto tiene un vendedor que convence con sus palabras. Crisóstomo se asombra porque no le parece normal que alguien sea orador en un espacio abierto; visto esto, se aleja de sus padres y se encierra en una casa en el campo. Empieza a comer hojas de menta para aclarar la voz y de vez en cuando hace gárgaras con hojas del aire para limpiar su garganta. Ahora, ya lleva muchos años practicando la destreza de la oratoria y la forma de combatir la humedad de sus paredes y suelo. Sigue leyendo “Aislamiento”

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Cicatrices de guerra

De repente el día te aburre y se torna cansado. El año no ha empezado bien, pero estás optimista como siempre. «Hoy tenemos que llevarlo a la consulta médica». Con tus hermanas llevas a tu papá, una vez más, al hospital. Todas con el tiempo encima y las responsabilidades pegadas a los hombros. A tu papá ya se le nota que su cuerpo no es el mismo, ha perdido elasticidad en sus brazos y en las pantorrillas ya aparecen las arrugas. Siempre quiso estar en alguna guerra. Arrastra la erre cuando habla y le cuesta un montón.

«De joven quería tener una cicatriz de guerrrrrrra, pero las únicas guerrrrrrras que he tenido han sido con tu madre». Su mirada se vuelve turbia y movible como el mar, a ratos se duerme y modula un concierto de ronquidos que te exaspera. Con el perro humor que tiene, su carirredonda ha perdido fuerza; el volumen de su voz ha bajado tanto que tienes que acercar la oreja para escucharlo pedir algo y, aun así, en esa debilidad, lo hace con voz de superioridad.

Su condición médica las ha puesto nerviosas. Piden una silla de ruedas y lo protegen para que no se tropiece con la gente; sin embargo, aunque protegido por ustedes, aun las gobierna. Tu papá tiene el cabello plateado, la frente pequeña, las manos callosas de tanto trabajar, la nariz algo estirada y, además, hubo un tiempo en el que fue gordo; ahora le cuelga la papada.

Piensas que son cosas que nunca te van a pasar, pero te ves en la escena. Andrea, que mira constantemente su reloj, va a hacer cola para sacar un turno; Lucía, aunque se nota cansada por las clases de ayer, se va a la farmacia; Mónica, agotada por sus doce horas de trabajo, camina hasta la ventanilla de estadística. «No quiero ir a esa ventanilla esa señora es amargada»; tu hermana no va a la ventanilla de estadística y te toca ir a ti a hacer cola y a soportar a la secretaria de dentadura arqueada que viste un mandil que cubre la totalidad de su cuerpo, pero esta vez te atiende amablemente. Terminan sus consignas y se reúnen una a una en la sala de espera «Ya tengo el turno». «En estadística me hicieron llenar una planilla». «Ya compré las pastillas». Sigue leyendo “Cicatrices de guerra”

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Vestuario y ambientación de Tristana en Buñuel y Galdós

Les muestro un pequeño análisis respecto al vestuario en la Tristana de Buñuel y de Galdós, a través del vestuario podemos analizar a los personajes como un sistema de signos y para ello también es importante unirlo al espacio narrativo de Tristana entre el filme de Buñuel y la novela de Galdós. El espacio como una jaula[1] en donde D. Lope se esforzará por mantener a Tristana en sus manos comprándola con objetos para que ella se entretenga, empezando por un cambio de ropa.

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Tristana, escrita en el año 1892, se sitúa en un momento histórico caracterizado por el contraste entre la estabilidad política y las continuas alteraciones de la vida social. Hasta inicios del siglo XX la política española se caracteriza por la alternancia en el poder entre conservadores (Cánovas del Castillo) y liberales (Sagasta). Los años centrales del siglo habían supuesto importantes avances técnicos e industriales que supusieron una situación de estabilidad para la burguesía que, hacia finales de siglo, ve peligrar su situación de privilegio como consecuencia del fuerte desarrollo industrial y de los cada vez más frecuentes movimientos obreros.

La película de Buñuel se abre con una vista general de Toledo[2] que está fotografiado en unos colores ocres y luces oxidadas. D. Lope habla mal del gobierno y de los curas con sus conmilitones de charla de café. En la siguiente escena, dos mujeres: Tristana y Saturna, ambas vestidas de negro, se acercan a un colegio donde juegan al fútbol un grupo de niños sordomudos. Saturna vistiendo un luto riguroso y Tristana llevando el duelo de su madre. A través de la indumentaria y la ambientación el público puede entender mejor el desarrollo del conflicto entre los personajes, sus relaciones mutuas y su evolución.

'Panorámica

 

El traje, los elementos, la caracterización e incluso el peinado unidos todos a un mobiliario y ambientación coherentes en una película, son medios que permiten al espectador observar el movimiento en el presente o el pasado. Así mismo en una novela, estos elementos nos permiten darnos una idea sobre el contexto social donde se desarrolla la historia.

41p3m68dmyl._sy445_Es importante el vestuario en la caracterización de los personajes ya que son una herramienta que utiliza el director para contar la trama, esto hace que los actores, aunque no hayan leído la novela, estén más cerca de su interpretación, me resulta importante comentar sobre el vestuario y el ambiente entre estas dos muestras: película y novela, ya que el contexto de referencia sobre el cual se cobra un sentido específico en la narración,  incluye espacio, tiempo, lugar, situación histórica, cultural, social, política, económica, etc.

En la personalización de Tristana y la evolución de su carácter es importante el vestuario ya que nos revela información sobre la situación social de la mujer en España antes de la Guerra Civil. A pesar de los cambios en el desarrollo de la historia y los diferentes contextos sociopolíticos, tanto Galdós como Buñuel encarnan a Tristana conforme a los estereotipos femeninos dados por el sistema patriarcal que dominaban la literatura del siglo XIX y el cine del siglo XX. Sigue leyendo “Vestuario y ambientación de Tristana en Buñuel y Galdós”

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No todos cantan

—¿Qué tal la estás pasando? —me pregunta el pasante—.

 Sebastián aparece y me toma del brazo apartándome de él.

—¡Aléjate de ese marica! —grita con un tono brusco—.

Sebastián está borracho y no le cuesta nada decir la verdad. Es mi primera fiesta en las oficinas del juzgado. Cada rostro es desagradable, las gordas del área de violencia intrafamiliar visten grandes sacos de cuadros que casi cubren todo su cuerpo. Bueno, eso no viene al caso, pero ¿quién las ha invitado?

Sebastián me cuenta, con interés, que hace unos días su mujer se había ido con su hijo a casa de sus padres.

—No nos estamos separando solo se fueron de vacaciones una temporada, al menos eso pienso.

—Ah.

Mauricio, el pasante, está inclinando su oído hacia nuestra conversación, y con los manos en los bolsillos hace como que examina el funcionamiento de la impresora, nos mira de reojo y no se acerca. Sebastián se da cuenta y me toma suavemente del codo haciéndome a un lado para seguir conversando.

—…como te seguía diciendo, solo se fue con sus padres una temporada, pero siento que es un abandono válido.

Sebastián es un hombre ambicioso de buen corazón y de buena estatura, casi siempre viste elegante, mantiene sus uñas intactas y se arregla la barba con cuidado. Arrastra la erre cuando habla y le cuesta un montón ya que aquí se gana el pan con el sudor de la lengua y mientras él me cuenta sobre los problemas con su esposa y las calificaciones perfectas de su hijo, con mi botella en mano me dedico a ver los pasillos del juzgado que a esta hora están totalmente limpios, en la mañana las ratas, las comadrejas y los astutos zorros se deslizan por todas partes. Lastimosamente yo también me deslizo por todas partes, estoy obligado a moverme por los corredores llevando papeles de aquí para allá atendiendo solicitudes de mujeres golpeadas que a la final vuelven con el marido.

—Mi mujer nunca está pendiente de mí, no le importa nada de lo que haga o deje de hacer, creo que mañana estaré escribiendo: Señor juez de lo civil. Yo Juan Sebastián Fernando Cárdenas Prado, de estado civil casado, de 40 años, de profesión abogado, domiciliado en la parroquia Rocafuerte, ante usted respetuosamente comparezco la siguiente demanda de divorcio, etc…

Sebastián me sigue hablando, estoy harto de escucharlo, solo necesita a alguien que parezca un muro viviente para contarle sus penas. Y aquí estoy yo. Si no estuviera interesado en hacer amigos, me habría ido a dormir. Sigue leyendo “No todos cantan”

Inhalando Líneas

Espacios desnudos

Soñé un lenguaje eterno

un idioma disfrazado en la planicie humana

Soñé un espacio desnudo

una compañera perdida aullando en las calles

Soñé una violencia futura

cavando en el mar palabras pesadas

Soñé unos ojos rezagados

una niña triste con grito de sirena

Soñé un roce en su cuerpo

una mancha roja que todos cubren

Soñé un lenguaje inútil

un monstruo en el aire diciendo su nombre

Soñé un cuerpo flotando

pieles de mármol vellos despeinados

Soñé una mujer dormida

un amante herido cortando su pelo

Soñé un fin temible

unos senos tristes un triángulo desgarrado

Soñé objetos enumerados

mandiles blancos cintas acordonadas

Soñé máscaras casas en silencio sueños cercenados

Me soñé acabada con dedos pálidos en la puerta de mi casa

me soñé descalza y silenciosa

sola entre las vísceras

en un espacio desnudo

que me acalla.

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Una lectura de Chimamanda y Junot Díaz

«Uno no viaja para proveerse de exotismo y anécdotas con que adornarse como un árbol de Navidad, sino para que el camino lo desplume, lo enjuague, lo escurra, lo deje como esas toallas, raídas por los lavados con lejía, que te entregan junto con un pedazo de jabón en los burdeles… Sin este desapego y esta transparencia, ¿cómo puede uno esperar hacer ver lo que ha visto?»

Elogio del nomadismo-Abdourahman A.Waberi

La segunda persona en la literatura funciona como un narrador autodiegético en donde el propio autor cuenta la historia. Su fin es buscar la complicidad del lector, es por ello por lo que su uso directo de «tú» «te», etc., nos permiten crear un juego de rol en donde el lector es también autor y protagonista de lo que lee.

Aunque la lectura suele ser un acto en solitario, el uso de la segunda persona aparece para encontrarnos al propio narrador hablando consigo mismo. Este narrador en segunda persona funciona como un verse a sí mismo como otro o en el otro. El reconocimiento de uno mismo nos lleva al tema de la intimidad. ¿Hasta qué punto somos ajenos a nosotros?

«Te hacía regalos y cuando tú protestabas por el precio, él decía que su abuelo de Boston había sido rico, pero se apresuraba a añadir que había repartido su fortuna entre muchos (…) sus regalos te dejaban confundida. Una bola de cristal del tamaño de un puño dentro de la cual había una pequeña muñeca bien proporcionada y vestida de rosa que daba vueltas (…) en el mundo del que venías los regalos siempre eran útiles»[1]

El uso de la segunda persona se emplea en panfletos, anuncios, avisos, etc., y en el texto de Chimamanda «Algo alrededor de tu cuello» podría funcionar como un llamado de atención que no nos deja indiferentes ante las emociones y las situaciones brutales de vivencia menos esperadas pero que aparecen como cercanas y podría funcionar como un manifiesto en donde dudar sobre la propia identidad donde la historia es en sí misma la identidad de un pueblo, no permitirnos que lo que nos rodea el cuello, que es esa identidad cultural, nos ahogue y nos limite.

Chimamanda se ve a sí misma y reclama su propia identidad:

 

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«Os reconciliasteis e hicisteis el amor, y os acariciasteis el pelo, el suyo suave y rubio como las oscilantes espigas del maíz al crecer, el tuyo oscuro y saltarín como el relleno de una almohada. A él le había dado demasiado sol y tenía la piel del color de una sandía madura y tú le besaste la espalda antes de extenderle la loción (…) sabías que no eran normales por la reacción de la gente (…) Los hombres y mujeres blancos de edad avanzada murmuraban y lo fulminaban a él con la mirada, los hombres negros que sacudían la cabeza al verte, las mujeres negras cuyos ojos compasivos lamentaban tu falta de autoestima»[2]

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