Inhalando Líneas

Se me han ido las ideas

Se me han ido las ideas…

Inhalando Líneas

Desafío y resistencia

La escritura surge de un endemoniado sentido del deseo.

Construir inesperadamente un texto sin un deseo interno depende, en cierto punto, de nuestro compromiso con la vida, la literatura ya es otra cosa.

A donde quiera que vayamos siempre llagamos demasiado tarde. Y en cualquier ciudad que nos quedamos están las casas a las que es demasiado tarde para volver.

El lenguaje, como instrumento, acompaña a la poesía.

Por mi parte, el lenguaje reside en la voluntad del ser. Es necesario padecer de una huella-afección -de una muerte- que desencadene un caos interno que nos conduzca a ideas que generen un sentido y que, a través del lenguaje genere intensidades. [Escribir nos desposee].

Y sean cualesquiera las calles que creemos conocer nos lleva allá a los jardines floridos. Llegamos demasiado tarde por la noche para ser reconocidos.

Escribir nos desposee.

Toma cada espacio que ignoramos hasta cierto momento.

Al ruido externo lo comprende;

el dolor y el miedo tiemblan en las calles;

las balas vuelan por los techos;

madres se agitan;

la voz de cuerpos aparecidos reside en las manos de un poeta que se resiste a la esperanza, a la memoria.

Y sobre las cenizas existe en él la única voluntad de hacerlo resonar.

Inhalando Líneas · Literatura Latinoamericana

Borges el pensador y Borges el artista                   

                                       Borges el pensador y Borges el artista                   

Según Aristóteles[1], la literatura produce tres efectos fundamentales: induce la comprensión universal a través de una némesis, provoca emociones específicas de catarsis o fructificación y genera paradigmas de alturas morales y adornos sobre la imagen de la vida. Curiosamente, aunque estos parámetros universales pueden aplicarse con éxito a prácticamente toda la literatura, no son particularmente relevantes en el caso de la producción artística de Borges.

La literatura de Borges aspira a algo muy diferente: llevar las posibilidades de la ficción al límite para transformarla, a través de los recursos de la imaginación, en un campo de prueba para tesis filosóficas, lógicas y metafísicas -ya que existe una estrecha relación entre la cosmología y metafísica.

Borges

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Clásicos

Espacio y tiempo en Eugénie Grandet de Honoré Balzac

     Dentro de la novela de Balzac es posible considerar dos grados de manifestación del espacio: el descriptivo y el psicológico. En el espacio descriptivo, Balzac lo que hace es detallarnos los objetos y la distribución de la casa mediante conjugaciones lingüísticas que van ligadas a la historia narrativa. Nos permite adentrarnos a una realidad propia del género literario de la época. El espacio psicológico forma parte del ambiente que gira en torno a la novela. Podemos ver que este ambiente genera una predisposición en el momento de la lectura, de la misma manera, crea una atmósfera acorde a lo que ocurre en la narración; por ejemplo, el tema de la avaricia nos muestra una casa en malas condiciones, una despensa en malas condiciones que afectan a los personajes, en especial a las figuras femeninas y, luego a los invitados.

  eg.jpg  En el momento en el que nacemos somos arrojados a la casa, sea cual sea la condición de ella, la casa se convierte en nuestro territorio, un espacio en el que vamos a vivir el presente, recordamos el pasado y auguramos un futuro; prácticamente, Balzac plasma, en su novela, una entrada de visita a su hogar, nos muestra cada esquina de su casa y esto implica que nos da a conocer los detalles que rodean la narración —en cuanto a temática— esto con el fin de que se pueda conocer, de manera precisa, la circunstancia en las que se vive en el tiempo y espacio de la novela.

      Si nos proponemos pensar sobre los espacios de la obra de Balzac como espacios de un todo; como la creación de una biosfera semántica desde la perspectiva de Vernadsky, lo que quiere decir es que los espacios, en este caso la casa de los Grandet es: Sigue leyendo “Espacio y tiempo en Eugénie Grandet de Honoré Balzac”

Clásicos · Inhalando Líneas · Mis Lecturas · Reseñas

El ser teatro: ¿Hay algo filosófico que decir sobre el teatro?

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La filosofía y el teatro están íntimamente ligados ya que el teatro es una metáfora del propio universo, como seres humanos somos una serie de signos que están íntimamente arraigados a cuestionarnos a nosotros mismos sobre el escenario (llámese escenario a cualquier lugar en donde seamos). Desde la tragedia griega de Esquilo, el teatro se ha convertido en un lugar para la reflexión sobre los acontecimientos históricos y la moral de los hombres, temas comunes también a la filosofía y, es inevitable pensar el teatro sin partir del propio hecho teatral —me refiero aquí a su dimensión primigenia, en su sentido más esencial—.

La filosofía y el teatro, dos disciplinas que comparten la capacidad de hacer de punto de fuga; no deben ser únicamente herramientas para hacer, sino que más bien, deben internarse en la posibilidad para pensar incluso lo imposible. La palabra, el logos[1], también se encuentra a través del cuerpo, naciendo como nueva forma de representación. Sigue leyendo “El ser teatro: ¿Hay algo filosófico que decir sobre el teatro?”

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No-éter

Hubo un tiempo en el que la tecnología no iba ligada a mi quehacer diario. Leía, trabajaba, leía, trabajaba y vivía en una constante individualización, me había alejado de las masas, me enfrascaba en mi pensamiento, flotaba libremente con naturalidad en mi interior. Ordenaba mi propio mundo a partir de mi propio sistema de sociabilidad. Era como un pájaro, andaba en mi propio vuelo, pero no había bandadas que me siguieran, pasaba desapercibida y eso para mí era libertad.

Hubo un tiempo en el que me quedaba petrificada frente a la existencia de las personas, me sentía en un laberinto. Hija ejemplar encerrada en una alcoba introvertida con pensamientos herméticos que se agrupaban sin separarse. Visto así, me convertí en mi propia ciudad, con mi propia organización dotada de ramificaciones internas que siem-pre tenían una salida: escribir, leer, hablar sola. Mantenía un orden.

Hubo otro tiempo en el que empecé a sentirme en un callejón sin salida: pasillos de ansiedad, pensamientos entretejidos que caían por escaleras, ya no leía con regularidad, lloraba cuando tenía que ir a trabajar, ya no me movía con mesura en mi propio espacio.

Hubo otro tiempo en el que todo era ficción. Leyes por doquier, padres estrictos, hija rebelde. Sueños truncados. Vivía en un sistema de funciones que funcionaban solo para funcionar porque algo no funcionaba. Vivía en un sistema de ficciones que me sacaban de la caja y me permitían fingir. Visto así, me convertí en pensamientos ilógicos, empecé a aliarme a las masas, me convertí en cifras, registros, exámenes, salidas, paseos, no mantenía el orden. Sigue leyendo “No-éter”

Clásicos · Inhalando Líneas

La naturaleza en Las desventuras del joven Werther

Toda regla asfixia los verdaderos sentimientos y destruye

la verdadera expresión de la naturaleza.

La naturaleza es un concepto que va ligado a la belleza. Baudelaire en el texto El pintor de la vida moderna, señala que la belleza de la modernidad, según el Señor G., es: «La belleza particular, la belleza circunstancial y los rasgos de las costumbre» es decir, que la belleza es la forma en la que está constituida la ciudad, el quehacer diario, la vida parisina y la sociedad. El señor G., encuentra la belleza en la calle, en la gente, en los ambientes superficiales. En cambio Werther, encuentra la belleza en la vida alejada de las calles y de la gente y, de esa manera, la naturaleza va ligada a la personalidad o estado de ánimo de nuestro personaje, lo rodea y va evolucionando conforme evolucionan sus sentimientos. Si bien es cierto, el concepto de Baudelaire es más actual que el de Goethe, este último nos presenta a un personaje que mantiene una relación agradable con la soledad de la naturaleza, es así, que nos dice que, en torno a su viaje:

«Reina en mi espíritu una alegría admirable muy parecida a las dulces alboradas de primavera, de que gozo aquí con delicia… Cuando el valle se vela en torno mío como un encaje de vapores; cuando el sol del mediodía centellea sobre la impenetrable sombra de mi bosque sin conseguir otra cosa que filtrar entre las hojas algunos rayos hasta el fondo del santuario; cuando tendido sobre la crecida hierba, cerca de la cascada, mi vista, más próxima a la tierra, descubre multitud de menudas y diversas plantas; cuando siento más cerca de mi corazón los rumores vivientes de ese pequeño mundo que palpita en los tallos de las hojas…»

Werther vivía en una ciudad que para él era desagradable y se quejaba de la burguesía y del despotismo ilustrado. Para evadirse de todo esto huye de la ciudad a una aldea cercana llamada Wahlheim. Para Werther la naturaleza de este pueblo es bella e indescriptible y, si consideramos cómo aparece la naturaleza en Werther, advertiremos que nos enfrentamos al canon de la naturaleza en el Romanticismo, donde es siempre el reflejo de los sentimientos y las pasiones del héroe romántico. Sigue leyendo “La naturaleza en Las desventuras del joven Werther”